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Hay que tomar más agua

Génesis 37: 24: "lo agarraron y lo echaron a una cisterna que estaba vacía".
Yo soy buena tierra y soy un buen pozo. Hoy voy a ser llenado de palabra de fe y cuando salga, las tres leyes que voy a aprender las voy a practicar y las voy a enseñar. Porque Jesús dijo: “El que practica y el que enseña es un grande para Dios”.

Hoy quiero mostrarte algunas cosas nuevas de la vida de José, uno de los personajes que más quiero y admiro de La Biblia.

José tenía diecisiete años cuando tuvo su gran sueño. Él soñó que iba a gobernar las naciones de la tierra. ¿Vos tenés sueños grandes? Algunas personas sueñan dormidas, pero otras soñamos despiertas. ¡Todos tenemos que soñar despiertos y no dormidos! 

José les contó lo que había soñado a sus hermanos y, aunque él todavía no había empezado a hacer nada, ellos sintieron envidia. Fue entonces cuando se les ocurrió matarlo. Pero uno de ellos sugirió que mejor que matarlo era tirarlo a un pozo, y así lo hicieron. Justo en ese momento pasaron unos compradores egipcios. Fue la oportunidad justa para que los hermanos vendieran a José por veinte monedas. Pero antes de entregar a su hermano a los egipcios, le sacaron la túnica especial que le había regalado el padre y la mancharon con la sangre de un animal. Volvieron a la casa y le mostraron la túnica a Jacob: “¿Reconocés esta túnica, papá?”. Al ver que era la túnica de su hijo, el padre creyó que José había muerto. Dice La Biblia que Jacob se puso a llorar e hizo duelo durante muchos años. Pero José había sido vendido como esclavo a Potifar, un funcionario del faraón. Las Escrituras cuentan que la esposa de Potifar puso sus ojos sobre José y le propuso tener algo con ella. Como José la rechazó explicando que él tenía un pacto con Dios y no podía hacer tal cosa, la mujer lo acusó de haberla querido violar. Así fue como José terminó en la cárcel. Un par de años después, el faraón soñó con las vacas gordas y las vacas flacas. Preocupado, mandó a llamar a todos sus brujos, pero ninguno pudo decirle qué significaba su sueño. Hasta que el copero se acordó de José y lo mandaron a buscar para que interpretara el sueño del faraón. José le dijo: “Las vacas gordas significan abundancia; las vacas flacas, escasez”, y le dio un plan de ahorro básico. El faraón, feliz, le dijo: “José, a partir de ahora vas a ser mi mano derecha” y lo nombró ministro de Economía de Egipto, la primera potencia mundial. 

La Biblia dice que así, de pronto, rápidamente, José salió de la cárcel para ser promovido. Y es que todo lo que te estaba encerrando va a tener que abrir sus puertas, porque Faraón ya tiene tu mail, ya tiene tu celular y está a punto de llamarte para que le digas lo que Dios ha puesto en tu corazón.

Tres leyes que te van a bendecir

1ª ley: “Medida por medida”.

En Génesis 37 comienza la historia de José. En este capítulo leemos que José tuvo un sueño, se le contó a los hermanos, ellos lo tiraron al pozo y después lo vendieron. Pero en Génesis 38 no continúa la historia de José, sino que se narra una historia completamente distinta. Después, en Génesis 39, sigue el relato de José. Siempre me pregunté por qué está esa historia entre los capítulos 37 y 39. 

El Capítulo 38 habla acerca de uno de los hermanos de José: Judá. Este hombre tenía tres hijos. El mayor de ellos, que estaba casado con una mujer llamada Tamar, muere. Y como en aquella época regía la “ley del levirato” –que indicaba que cuando se moría un hijo, el hermano debía casarse con la viuda para tener descendencia–, su segundo hijo tomó a Tamar como esposa. Pero al tiempo, el segundo hijo de Judá también murió. Después de haber perdido a dos de sus tres hijos, Judá no quería entregar al único hijo que le quedaba porque pensaba que también podía morirse; así que se le ocurrió engañar a Tamar prometiéndole que se le entregaría a su hijo menor cuando creciera, y la mandó de vuelta a la casa de sus padres, en otro pueblo. La mujer se fue, creyendo que Judá le entregaría a su hijo, pero el tiempo pasó y ella se dio cuenta de que Judá no tenía intensiones de permitir que se casara con su hijo. 

Cuenta La Palabra que un día, después de mucho tiempo, Judá viajó al pueblo donde vivía Tamar para hacer un negocio. Cuando la mujer se enteró de que su suegro estaba en camino, se vistió de prostituta, se cubrió el rostro con un velo, y se fue a esperarlo a la entrada del pueblo. Judá la vio, y sin darse cuenta de que era su nuera, le ofreció traerle un cabrito a cambio de acostarse con ella. Tamar aceptó, pero le pidió a Judá que le dejara algunas de sus prendas en garantía hasta que le entregase el cabrito. Así fue que Judá y Tamar tuvieron relaciones, y ella quedó embarazada. Por su parte, Judá regresó a su pueblo. Unos meses después llegó a oídos de Judá que su nuera se había prostituido y estaba embarazada. El hombre, enfurecido, ordenó: “¡Sáquenla y quémenla viva por adúltera!”. Cuando la estaban sacando, Tamar mostró las prendas que tenía como garantía y le dijo a Judá: “¿Reconocés esto? El dueño de estas prendas fue quien me embarazó”. Finalmente, Judá no permitió que la mujer muriera quemada y reconoció que él también la había engañado. Cuando llegó el tiempo del parto, Tamar dio a luz a mellizos.

¿Por qué está esta historia ahí, entre los Capítulos 37 y 39 de Génesis? Porque en el Capítulo 37, cuando los hermanos de José (entre ellos, Judá), decidieron tirarlo al pozo y venderlo como esclavo, le sacaron la túnica y después de mancharla con sangre, se la llevaron al padre diciendo: “Mirá lo que encontramos, ¿reconocés esto?”. La ley de medida por medida dice que lo que vos hagas es lo que te van a hacer a vos. Judá fue con engaños a su padre y le dijo: “¿Reconocés esto?”. Años después, él también fue engañado y alguien le preguntó: “¿Reconocés esto?”. Si vos hablás mal de alguien, alguien va a hablar mal de vos; si vos criticás a alguien, alguien también te va a criticar a vos. Lo mismo que sembrás es lo que vas a cosechar. 

En Génesis 13 encontramos otro buen ejemplo de esta ley: Abraham y su sobrino Lot habían salido de Egipto con sus rebaños y sus tiendas, pero la tierra donde se encontraban no podía abastecer a ambos, y los pastores de uno y otro comenzaron a pelearse. Entonces Abraham le dijo a Lot que lo mejor era separarse: “Sobrino, no podemos seguir peleando. Vos andate para un lado que yo me voy para el otro. Elegí vos hacia dónde te querés ir, a mí no me molesta”. ¿Y qué hizo Lot? En vez de decirle al tío, que era un hombre de fe: “No, tío, yo no me voy, no me separo, porque si yo estoy bendecido es porque estoy cerca de vos. ¡Ni loco me muevo de tu lado!”, él miró a su alrededor, eligió la mejor tierra y se fue. La tierra que escogió Lot resultó estar cerca de Sodoma, una ciudad en la que abundaban las violaciones y la prostitución, y donde posteriormente terminaría secuestrado. La Biblia relata que después de que Lot se fue, Dios le habló a Abraham: “Abraham, te voy a bendecir: mirá a tu alrededor, porque toda la tierra que ves, será tuya. También multiplicaré tu descendencia como el polvo de la tierra”. ¿Por qué Dios lo bendijo tanto? Porque Abraham le había entregado, le había sembrado la tierra a Lot, y ahora el Señor estaba haciendo lo mismo con él. La ley de Dios es “medida por medida” para lo malo y para lo bueno.

Las Escrituras cuentan que cuando Sodoma fue saqueada, también se lo llevaron a Lot con todas sus pertenencias. Abraham se enteró y rápidamente se dispuso a rescatar a su sobrino. Buscó a trescientos dieciocho valientes nacidos en su casa y persiguió a los invasores. Esta fue la primera guerra espiritual que narra La Biblia. Abraham y sus hombres salieron por la noche, derrotaron a los enemigos, rescataron a Lot y a toda la gente, y además recuperaron todos sus bienes. Cuando se estaban yendo, el rey de Sodoma le dijo a Abraham: “Me enteré que rescataste a Lot y a la gente, y recuperaste el botín. Yo quiero premiarte: dame a los niños que recuperaste y quedate con el botín”. Entonces, Abraham le contestó: “¡No quiero nada tuyo, ni el cordón de tu zapatos!”. El rey de Sodoma quería a los niños para prostituirlos, para meterles basura en la cabeza, como lo hace en la actualidad parte de nuestra cultura, que le está lastimando el cerebro a los chicos desde bien chiquitos. Pero a pesar de todas las riquezas que le ofrecía el rey, Abraham no le dejó a los niños; por el contrario, se los llevó a su tierra y les enseñó su fe. Y dice La Biblia que se le apareció Dios a Abraham y le dijo: “Abraham yo te quiero recompensar porque vos sos muy valiente. ¿Qué querés que te dé?” ¡A Dios le encanta recompensar a los valientes! “Quiero un hijo”, le dijo Abraham. Pero el Señor le aseguró: “No te voy a dar solo un hijo: te voy a dar naciones en ese hijo”. Como Abraham bendijo con tierra a Lot, Dios le dijo yo te bendigo con toda la tierra. De igual modo, como Abraham bendijo a los nenitos de Sodoma y arriesgó su vida para que no los prostituyeran, Dios le dijo yo te voy a dar hijos, y en tus hijos las naciones van a ser bendecidas. Todo lo que vos hagas por alguien, Dios siempre te lo va a dar multiplicado sobre tu vida: esta es la ley de medida por medida.

Por eso, hasta el vaso con agua que ofrezcas lo tenés que anotar y decirle al Señor: “Padre, yo reclamo la ley de medida por medida, de ojo por ojo. Yo he bendecido y ahora reclamo mi bendición. Porque Tu Palabra dice: «Haz memoria de todas mis ofrendas», todo lo que yo he hecho, Señor, lo quiero cosechar al ciento por uno”. Hay muchos que venimos dando y no estamos reclamando. Necesitamos recordar que a Dios le encanta dar. Él te dice: “¿Qué querés que te dé como recompensa?”. Vos tenés que reclamarle a Dios la multiplicación de todo lo que has hecho hacia alguien.

2ª ley: “Señal profética”.

¿Sabés qué es una señal profética? Cuando vos le das un sentido a algo, eso es una señal profética. Por ejemplo: Jesús hizo muchos milagros pero poca gente entendió el sentido de esos milagros. Jesús multiplicó el pan y le dio de comer a diez mil personas. La gente decía: “¡Qué milagro! ¡Multiplicó el pan!” Pero Jesús miró a los discípulos y les dijo: “Yo soy el pan de vida. Ustedes me va a tener a mí, me van a comer, van a estar llenos de mí”. Él les estaba explicando la señal, el significado del milagro. Eso es lo que nosotros tenemos que buscar. Por ejemplo: Se hizo una fiesta y se quedaron sin vino. María le avisó a Jesús y Él mandó que pongan agua en las vasijas. Una vez que estuvo el agua, Jesús la hizo vino y todos bebieron. Nosotros no nos tenemos que quedar en el milagro de convertir el agua en vino: tenemos que ir a la señal, a buscar qué significa espiritualmente ese milagro para nuestra vida. En este caso, Dios nos está diciendo que Él va a cambiar la naturaleza de las cosas y nos va a emborrachar de gozo. ¡Esa es la señal! Es decir, vos tenés que leer las cosas que Dios hace y darle un sentido profético para tu vida. No te quedes solo en la anécdota del milagro. No digas: “Dios me sanó, ya está”, “Dios me prosperó, ya está”. ¡Vos tenés que ver qué te quiere decir Dios con ese milagro, cuál es la señal, cuál es el sentido!

Una vez había ido a ministrar con el profeta Otoniel Font a una iglesia. Yo cargaba una valija llena de libros míos para vender. En un momento, mientras caminábamos, le dije a Otoniel: “¡Cómo pesa esta valija de libros!”. Y él me respondió: “¿Sabés qué significa eso? Que así como vos estás cansado llevando la valija y que te rompa la espalda, así la gente va a salir corriendo a comprar tus libros”. Font le dio un sentido profético al evento; yo me estaba quejando, pero él le dio un sentido espiritual.

Rashi, un gran rabino y máximo comentarista del Antiguo Testamento y el Talmud que vivió en el 1100, contó que en una ocasión estaba escribiendo un comentario con su nietito en la falda. De repente, el niño se movió y derramó tinta sobre todos los manuscritos de Rashi. El rabino, en lugar de enojarse y retarlo, le profetizó: “Este nene va a discutir las cosas que yo estoy escribiendo. Él no va a estar de acuerdo con muchas de mis opiniones. Dios le va a dar revelaciones grandes, lo va a usar con poder. Mi nieto va a ser uno de los más grandes rabinos”. Rashi le dio al suceso un sentido profético.

Cuando a la Sede Merlo de nuestro ministerio se le voló el techo en medio de una tormenta, yo le di al acontecimiento un sentido profético: “Esta iglesia no va a tener techo, no va a tener límite. Aquí van a mirar los cielos y Dios va a bajar directamente. El hecho de que se haya volado el techo es una señal”.

Ayer, mi hija menor encontró un reloj que yo había perdido y vino corriendo a traérmelo: “¡Mirá, lo encontré! ¡Tenés que usarlo!” y yo le dije al Señor: “Declaro que voy a recuperar el tiempo que se me perdió; me lo van a traer otra vez a mi mano”. Le di un sentido espiritual, profético al evento. Ese reloj representaba algo grande de parte de Dios. 

Por eso, dale un sentido profético a los sucesos, dejá que el Espíritu Santo te hable. Cuando salgas y veas, por ejemplo, una casa derrumbada, no digas, “uh, ¡mirá qué destruída está esa casa”, en cambio, declará: “Dios me va a usar para derribar muros levantados por el diablo, muros del infierno”. 

Si te encontrás 2 pesos, no digas: “¡Qué suerte, me encontré 2 pesos!”, dale un sentido a esos 2 pesos, decí: “¡Estos 2 pesos son el anticipo de los dos millones que tendré!”. Eso es darle a las cosas un sentido profético. 

3ª ley: “Tomar agua”.

La Biblia dice que los hermanos de José lo tiraron al pozo; y aclara que el pozo estaba “vacío y seco”. En otra versión de La Biblia, dice que el pozo estaba “vacío y sin agua”. ¿Para qué Dios aclara que no tenía agua si dice que estaba seco y vacío? Para mostrarnos que tenía serpientes y escorpiones, porque en la antigüedad, los pozos vacíos tenían serpientes y escorpiones. El pozo representa tu mente; el agua representa La Palabra, las promesas de Dios; las serpientes y escorpiones representan los malos pensamientos. Entonces, si tu mente no está llena de agua, tendrá serpientes y escorpiones. Algunos necesitan tomar más agua, más Palabra y llenar sus pozos para que en su mente no haya serpientes y escorpiones. El agua es buena para el hígado, los riñones, el sistema digestivo; también lubrica las articulaciones, controla la temperatura del cuerpo y retarda los procesos de envejecimiento. 

Buscá agua, llená tu pozo con La Palabra de Dios. Algunos buscan La Palabra, pero solo “un poquito”. ¿Cuánta agua vas a buscar vos del Señor? Llenate de las promesas de Dios. ¡Buscá más al Señor! 

Cuenta una historia que un día, un hombre se le acercó a un sabio estudioso de La Biblia, y le preguntó:

–¿Por qué no usás sandalias con cordones?

–Para atarme los cordones tardo un minuto por día; es decir, trescientos sesenta y cinco minutos en un año. Yo me ahorro ese tiempo y lo dedico a conocer más a Dios –respondió el sabio.

¡Tenemos que buscar más a Dios!

¿Cuántas veces te quedaste atascado en el tránsito? Aprovechá ese momento para poner una alabanza, para buscar al Señor. Tal vez tengamos que robarle unos minutos por día a la televisión, por ejemplo, para buscar más al Señor y llenarnos de Su Palabra.

A José lo echaron al pozo, pero el pozo nunca entró en su corazón, porque José estaba lleno de La Palabra, de promesas de Dios.

Los egipcios odiaban a los pastores porque para ellos, los corderos eran dioses, por lo tanto, los pastores judíos se comían a sus dioses. Sin embargo, cuando José se reencontró con toda su familia, les dijo: “Les voy a presentar a Faraón, y cuando él les pregunte a qué se dedican, ustedes van a contarle que son pastores y que trajeron todas sus ovejas”.

¿Por qué José les dijo que contestaran que eran pastores si sabía que el faraón odiaba a los pastores? Porque justamente por ser pastores los mandó juntos y lejos, al norte de la ciudad, a la hermosa región de Gosén. José lo había planeado bien; él pensó: “Si mis hermanos se mezclan con los egipcios, van a perder la fe. El sistema los va a deslumbrar y les va a robar el agua. Yo voy a encargarme de que estemos todos juntos en un lugar para que ellos cuiden su fe. Sé que tienen poco agua, pero yo tengo un pozo lleno de agua”. José les pidió que dijeran que eran pastores para cuidar su fe. 

También a nosotros el sistema quiere robarnos nuestra fe. La televisión, la radio, los noticieros quieren robarte tu agua, tu fe. ¡No lo permitas! Viví en el Gozén espiritual, cuidá tu pozo, llenalo de agua, buscá al Señor. La ley del agua dice que cuando Dios te llena, de tu interior brotarán ríos de agua viva. 

Hoy yo declaro la ley de la medida por medida y la ley de la señal profética. Declaro que cuidaré mi pozo, me llenaré de agua y Tu Palabra hará que todo lo que haga me salga bien.

Cada vez que tomes agua va a ser la señal profética y te vas a acordar de este mensaje. Vas a decir: “Esta agua que estoy tomando le hace bien a mi cuerpo. No voy a olvidarme del agua de la presencia, de La Palabra, de las promesas de Dios”.

El pozo se está ensanchando. No tenemos tanta agua como pensamos. Algunos creen que ya conocen mucho, que ya tomaron mucha agua, pero Dios te ensancha el pozo para que lo busques. ¡El Señor clama por más de vos! Amén.

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