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Lo que hay que tener antes de tener

Génesis 37: 3; 9; 41:3 - 3 Israel amaba a José más que a sus otros hijos, porque lo había tenido en su vejez. Por eso mandó que le confeccionaran una túnica especial de mangas largas. 9 Después José tuvo otro sueño, y se lo contó a sus hermanos. Les dijo:    —Tuve otro sueño, en el que veía que el sol, la luna y once estrellas me hacían reverencias. - 3 Detrás de ellas salieron otras siete vacas, feas y flacas, que se pararon a orillas del Nilo, junto a las primeras.

 

Después de trece años difíciles, de sufrimiento, se le cumple el sueño a José y tiene el granero del mundo en su mano.
Para soportar tantos años de injusticias, cárceles, rechazos de sus hermanos, desprecio de la gente, José tuvo algo, que todos tenemos que tener antes de tener. Todos tenemos una meta, un sueño, algo por lograr, queremos tener algo, pero debemos, antes, tener tres cosas:

-La Túnica.
Lo primero que el papá le da a José es una túnica de muchos colores, y representaba el amor de Papá. T
Antes de ver nuestros sueños cumplidos, necesitamos tener el amor de Papá, porque no podemos edificar sin tener la túnica que Él nos da.
La túnica representa la validación y la afirmación de que Dios me ama; la revelación que se te descubre en el corazón, de que Dios te ama con amor eterno. José soñó que gobernaría el mundo, no porque vino un profeta a decírselo sino porque tenía la seguridad del amor de Papá en su corazón. Cuando tenés la seguridad del amor de Dios en tu corazón no vas a necesitar que venga un profeta a decírtelo sino tendrás la revelación directa de los sueños de tu vida.
Hay gente que cuando un profeta les revela algo, se ponen a llorar y dicen: “no me imaginaba que Dios tenía tantas cosas para mí”, pero cuando tengas la túnica adentro, cuando tengas el amor de Papá, lo que vas a soñar y decir de vos, es más grande que todo lo que la gente pueda decir, porque la túnica te habilita a soñar, te separa para el propósito que Dios ha puesto en tu corazón.
Cuando José tuvo la túnica de papá, supo que ya no tenía precio su vida sino tenía valor.
Los hermanos lo tiraron al pozo, lo vendieron por veinte monedas, pero a José no lo lastimó porque precio es lo que la gente dice que valés; valor es lo que Dios ha dicho que valés, y cuando tenés la túnica de Papá ya no tenés precio. No importa cuánto la gente te ame o no, tenés valor, no precio. Por eso no te afecta cuando te desprecian porque no te movés en el precio sino en el valor: “Papá me ama y con eso me alcanza, y voy a conquistar todo lo que está delante de mi corazón”.
Cuando tenés la túnica, el amor y la aceptación de Papá, ya no darás más examen. La gente nos toma examen para ver si sabemos o no, nos ponen una nota para aprobarnos y aceptarnos. Cuando tenés diez te quieren y cuando no lo tenés, no te quieren. Pero cuando tenés la túnica de Papá no darás más examen, porque a Dios no le interesa la nota, ni el examen, ni lo que dice la gente, te ha aprobado antes del examen: “antes de que nacieses yo te amé, antes de que lograses lo que lograste, no importa el examen, yo te amo igual.”
David fue rey, en lo natural, cuando venció a Goliat, pero en lo espiritual siempre fue rey, porque cuando tenés la túnica de Papá sabes que sos rey y El es el Rey de los reyes.
¡No des más examen! Dios te dio la túnica porque te ama con amor eterno, así que más vale que te la coloques y digas “Soy alguien especial, Él me ama y yo también lo amo a Él.”
Dios me la da la túnica de colores porque me ama a pesar de lo que soy.
Jacob le dio la túnica porque José lo amaba y además porque le traía información de sus hermanos. No importan nuestros errores, Dios nos ama igual. Por eso dice la Biblia que tenemos que ir a Dios con humildad.
Humildad viene de humus, y humus viene de tierra, o sea que somos humildes cuando reconocemos nuestra parte terrenal y le decimos: “Papá yo vengo delante tuyo con toda mi tierra.”
Un día había un ciego y Jesús escupió la tierra, hizo barro y le untó lo ojos al que no veía, le dijo: Ve al estanque de Siloé, y lávate. Le puso un escupitajo con barro porque el ciego no quería ver su barro y Jesús le dijo: Vas a ver tu humanidad, tus partes malas que no querés ver en vos y te hace estar ciego, y lo mandó a lavarse al estanque de Siloé, que quiere decir “el enviado”, porque cuando vas a Jesús que es el enviado tenés que ir con el barro, para que El te limpie. Cuando el ciego se lavó vio su rostro y el barro caer.
Tenés que saber que Dios te ama con tu barro, con tu parte terrenal y con tu parte celestial, que Dios no te da la túnica porque sos bueno sino porque Él es bueno y para siempre es su amor.
El amor de papá me recuerda que mi “yo verdadero” nadie lo puede tocar.
Hay una parte de tu “yo verdadero” en la que nadie tiene acceso. La gente que maltrataron, secuestraron, violaron, tiene una parte profunda en su ser que nadie tiene acceso y nadie la puede tocar. Hay un lugar santísimo de mi “yo verdadero”, profundo, que nadie puede lastimar, humillar, porque sólo el amor de Dios tiene acceso a él, porque fue reservado para el amor de Papá.
Y cuando sus hermanos le sacaron la túnica, le sacaron lo material pero la túnica espiritual que estaba en su interior, nunca se lo pudieron sacar.
Hay una parte profunda que adora a Dios, es la que nadie conoce, nadie jamás va a poder entender tu experiencia en tu “yo profundo” con Dios, nadie jamás podrá entrar a ese lugar, fue hecho y reservado para el sólo acceso del amor de Papá, y en ese “yo profundo” tiene que estar la túnica; porque cuando te tiren al pozo, te vendan y lastimen, podrán lastimar tu mundo externo pero tu “yo profundo” seguirá intacto con la túnica de Papá; y desde ese lugar volverás a levantarte y lograr lo que Dios te prometió.
La túnica de Papá me hace libre de la gente y de las cosas.
Esa parte profunda de tu ser se tiene que revelar, y cuando se te revele serás libre, dejarás de ser dependiente.
Dependiente viene de pendiente, es decir algo que está colgado; un dependiente es el que vive colgándose. Dejá de colgarte de la gente, no esperes que te miren, te nombren y, si estas colgado, es porque la túnica no se te reveló. A José lo tiraron al pozo y perdió a sus padres, a sus amigos, los trabajos, perdió todo, pero volvió a levantarse, porque aunque la gente y las cosas se habían alejado de él, no era más dependiente se tomó de la túnica que estaba dentro de su corazón. ¡Dejarás de ser co dependiente!
Zaqueo juntaba porque estaba colgado de las cosas materiales. Un día pasó Jesús y lo llamó: “Zaqueo, bájate rápido”, entonces cuando estaban cenando, Zaqueo le dijo: “voy a devolver el dinero robado y multiplicado”. A pesar de que Jesús no se lo había pedido lo dijo, porque el dinero era la manera de compensar; él necesitaba sentirse amado juntando cosas, se colgaba del dinero. Y cuando Jesús lo aceptó y le puso la túnica en el espíritu, a partir de ese momento, fue libre de la gente y de las cosas, porque entendió que Dios lo amaba por lo que era. 
Un día un joven rico lleno de dinero le dice a Jesús que lo seguiría adonde quisiera. Y Jesús le dijo: Ve, vende todo lo que tengas y dalo a los pobres, (eso porque tenía su estima en el dinero, creía que valía por lo que tenía), Jesús le dijo: si querés la túnica, da todo lo que tenés, Yo te voy amar no por lo que tenés sino por lo que sos.
Si tenemos la túnica de colores, de manga larga, tenemos el amor de Papá revelado en nuestro “yo profundo”, en nuestro espíritu, en nuestra verdadera esencia, lo experimentamos en el corazón, y sabemos que Papá nos ama con nuestra tierra, nuestro barro, nuestro chusmerío, Su amor incondicional me habilita a soñar.

2º- Un sueño.
El sueño es la esperanza. Primero tuvo el amor después la esperanza, porque cuando tenés el amor de Papá se revelará la esperanza, que es lo que espero, hacia donde voy.
Dios empieza el principio por el final. Al ponerse la túnica, José soñó su final en su principio, porque en el principio ya sabes adonde vas, tenés el final. La gente que dice que “la fe me resuelva los problemas” es gente sin esperanza, no saben adonde dirigen su vida. Los que tenemos el amor de Papá, tenemos esperanza de Papá, sueños. Esperanza es Dios declarando al principio mi final, la gente me ve hoy pero Dios ve mi mañana, ¿cuál es tu final? ¿Tenés claro tu final?
Tu final es de bendición, de éxito, todo lo que hagas te saldrá bien. Yo sé adonde voy porque Dios me dio esperanza, es lo que espero y no es donde hoy estoy, donde la gente me ve sino mi mañana, donde Él me dijo que me llevará. Esperanza es que sé adónde voy. Yo ya sé adonde voy. Si estás enfermo tenés que saber adonde vas, esa es tu esperanza; la gente que espera tiene esperanza. En tu familia, tu trabajo, tu casa, debés saber adonde vas.
Dos millones de cabezones en el pueblo de Israel, uno sólo lo libertó: Moisés; porque fue a faraón y le dijo: “déjanos salir, vamos a adorar a Dios.”
Una persona que sabe adonde va, sabe guiar a multitudes.
En tu final terminarás cantando, saltando, adorando el nombre del Señor. Cuando una persona sabe su futuro es indestructible. Dios usa la gente que sabe adonde va, todo tiene que estar claro; el sueño debe estar claro.
Todo lo que no es tu destino es tu camino. Cuando a José lo tiraron al pozo dijo: Pozo no es mi destino, es mi camino. Estarás en camino o en destino pero en Dios nunca estás muerto.

3º- La Fe.
Es declarar con mi boca, mi esperanza. José vio trece años antes su sueño, por eso la gente no lo entendía. José le declaró a sus hermanos, porque esperanza es declarar lo que esperás, y vendrá a tu vida cuando lo hables. Fe es hablar lo que espero no lo que siento. Hay gente que le pone pasión a sus dramas, en cambio no le pone pasión a la Palabra. Hablá para poner pasión a tu fe. Si alineamos nuestro corazón con nuestra boca, Dios lo cumple. No tengo que alinear mi mente con la boca sino desde mi corazón a mi boca. Hay gente que alinea lo que siente y lo que piensa, pero no lo que cree.
Fe es declarar agresivamente lo que esperás, si tenés el amor de Papá, los sueños y la fe, lograrás todo lo que propongas en tu corazón.
Cuando declaro mi final, sabré más rápido quien estará conmigo y quién no.
Por eso debemos decir rápido lo que soñamos para saber con quien contamos y con quien no; es mejor que se te alejen al comienzo para saber quien te acompañará.
A José lo tiraron al pozo, perdió todo, pero él no era una alhaja, era un pendiente, estaba agarrado del Padre porque la túnica seguía dentro de su corazón.
Podrán sacarte la túnica, mancharla con sangre, pero la túnica quedó adentro; cuando tenés el amor de Papá, siempre tendrás un sueño de Papá, y la fe agresiva para declarar lo que Dios te dará.
Fe es estar dispuesto a hacer lo que otros no lo están.
José sabía que sus hermanos lo odiaban, no lo saludaban, y no se quedó callado a pesar de eso, sino que fue les dijo y lo tiraron al pozo, porque fe es estar dispuesto a jugarse por lo que Dios te prometió.
A Elías lo conocían porque había hecho caer fuego del cielo. Un día pasó adelante de doce y miró a uno por uno que tenían una yunta de bueyes, y nadie hacia nada, pero llegó delante de Eliseo y a ese le tiró el manto con la unción, y Eliseo mató los bueyes y los siguió.
La unción te va a pasar por al lado, y si no te jugás por lo que Dios va a hacer en tu vida, va a seguir de largo y los sueños grandes caerán sobre otros, porque fe es jugarse a creer los sueños que Dios puso en tu corazón.

La túnica es el amor de Papá, debe revelársenos. Cuando tengas la túnica serás libre de todo y sabrás que te ama con amor eterno, podrás perder todo pero el amor de Papá te habilitará para soñar. El problema de muchos soñadores es que empezaron a soñar sin tener la túnica de Papá y siguen con baja estima, con auto desprecio, lograron muchas cosas pero son hambrientos afectivos, necesitan que los miren, que lo nombren, que lo llamen.
Yo sé que lo que espero es mi destino, no mi camino; camino es lo que transito hoy, es el medio, destino es hacia donde voy.
José contó su sueño. Todo lo que tocaba, donde iba, prosperaba. Si tenés la túnica, la esperanza y la fe donde vayas vas a prosperar.
Si tenés una camisa lavala, planchala bien; si estas en el pozo limpialo bien, que sea el mejor pozo; si te pusieron en la cárcel que sea la mejor, que todo lo que haces sea de la mejor manera, porque donde estás no es tu destino sino tu camino; y Dios te dijo que si tenés el amor, la esperanza, y la fe, todo lo que toques prosperará, naciste para la excelencia. ¡Hace todo bien!

José no vivía su sueño pero ayudó a otros a vivirlos mientras iba en camino, porque cuando sabes quien sos en Dios ayudarás a otros a alcanzar sus sueños.
Nuestra meta no es tener un templo grande, ni juntar dinero, ni comprar una radio sino que la gente comience a soñar y a recuperar la esperanza en Dios, entonces dejás de esperar que la gente te entienda.
José no le contó a nadie su drama porque su “yo profundo” nadie lo había lastimado.
José pasó la prueba del carácter.
Hoy en las iglesias se busca carisma pero Dios busca carácter. La sociedad no quiere carisma sino carácter. Carácter es no tomar lo que no es tuyo. Cuando José estaba en la casa de Potifar, le dijo a la mujer: “No, vos no estabas en mi sueño, yo no te voy a tomar porque no me pertenecés.” Eso es carácter. Carácter es ser cuando nadie te ve. José pasó la prueba del carácter, no hizo nada que no le correspondía.
Tomamos lo que no nos pertenece cuando no sabemos quienes somos en Dios. No tenés esperanza y no hablás tu sueño, pero cuando sabes que Dios te respalda, el otro es basura.
Todos los hombres que estaban cerca de los faraones eran castrados porque estaban cerca de mujeres hermosas y era para que no tomaran lo que no era de ellos. A José no lo castraron. Eso significa que el sistema no te va a castrar, mantené carácter, se íntegro, honesto, transparente, sincero, ¿que te calumnien? es parte del montón, pero usá carácter, madurez, porque lo que faraón está esperando no es carisma, sino carácter.
Abriré camino a los míos.
José pasó trece años solo, llegó a faraón, fue ministro y luego bendijo a los mismos hermanos que lo habían maltratado. Dios te está preparando para que perdones a tus enemigos, para que les des de comer, y le digas “vos pensaste hacerme mal pero Papá lo cambio para bien”.
Faraón me dará otra túnica.
Faraón le puso una túnica blanca, de promoción. La túnica de colores sólo te la puede dar Papá, pero la túnica blanca no es una túnica de aceptación sino de promoción. Preparate porque tus hermanos nunca te van a dar una túnica, ni reconocerán la túnica que Papá te dio; tus hermanos, tus pares, se van a enojar cuando no seas más par de ellos y Dios te eleve a otro nivel, porque la túnica de Papá no te habilita a que tus hermanos te quieran, muchas veces hace que te rechacen, pero Dios te honrará haciendo que faraón vea en vos lo que tus hermanos no vieron: los hermanos de José vieron egoísmo, y faraón vio sabiduría; los hermanos vieron basura en José, pero faraón vio a Dios.
El sistema te va a premiar con una túnica de promoción, y cuando te den la túnica… volvieron los hermanos a pedir comida, y José se sacó la túnica que le había puesto faraón. Porque la túnica de promoción no es lo que vos sos, lo importante es la túnica que Papá te dio. Preparate que faraón te dará la segunda túnica, te va a promocionar, por eso nunca dejes lo que Papá puso en tu corazón. Más grande que los sueños y la fe es el amor de Papá.
Papá pone su amor para vestirte, pone sus sueños y te da palabra de fe, lo lograrás.

Jacob le dio una túnica, no le podía haber dicho solamente, le dio una túnica porque todos necesitamos un símbolo, algo que represente algo más profundo. En tema de amor las palabras no alcanzan. El amor se expresa en un gesto, en un regalo, en una flor, Dios me dijo que Presencia de Dios es una iglesia de padres espirituales, y nos dará cosas materiales para que, cuando la entreguemos, representen y simbolicen Su amor. Así como José en la túnica descubrió que Papá lo amaba así, en ciertas cosas, Dios nos dará y la gente entenderá el amor de Papá.
La túnica no era nada, después se la rompieron, pero ya estaba adentro el amor de Papá.
¡Preparate seremos como Jacob, ciertos presente, regalos, gestos, que haremos a la gente se revelará el amor de Papá. Dios nos ama y el sueño que nos dio no lo perderemos, y lo que esperamos lo va a cumplir, porque si Dios es con nosotros nada nos puede separar de su amor.


Por Bernardo Stamateas

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