Vamos a decretar salud para nuestras vidas para la vida de nuestras familias vamos a estar bien de pie seguiremos adelante.
Les voy a mostrar un video de Charles Aznavour con ochenta y cinco años de edad y canta una canción con sus dos hijas; ¡lo miré como trescientas veces! Me conmovió tanto que siga cantando y que está con sus dos hijas, que pudo transmitirle a su próxima generación el amor por lo que hizo siempre, y que sus hijas tomaron el amor por lo mismo, me pareció algo tan tierno que se los quería mostrar; aunque no está relacionado con el mensaje de hoy, pero se lo quería mostrar igual.
(http://www.youtube.com/watch?v=vTVf2AAyfzU&feature=related)
¿Cuántas van a llegar a los ochenta haciendo lo que tienen que hacer sin bajar los brazos?
Cerramos este mes con esta oración la vamos a seguir decretando en nuestras casas. Vamos a declarar la oración de aumento y de multiplicación amén. Vamos a aumentar vamos a crecer en todas las áreas de la vida y nos vamos a multiplicar. ¿Cuántas quieren más?más vida más alegría, más fuerzas, más ganas de vivir eso va a venir a nuestra vida.
¿Cuántas quieren recibir palabra de mujer a mujer?
¿Cuántas oraron alguna vez y se desanimaron, empezaron la oración fuerte y bajaron el volumen de la voz y empezaste a pensar que tenés que cocinar?
¿Quién te hará justicia? Dios, y sin demora te va a contestar rapidito.
¿Alguna vez experimentaron esta sensación de sentirse torpes delante de alguna persona, delante de una pastora, de un pastor, delante de un ex-marido, delante de una jefa, delante de una mamá, delante de una hija, de una amiga, se sintieron torpes?, como que se le trababa la lengua para hablar, que no podían decir lo que querían. Ustedes saben que esa es una sensación que muchas veces las mujeres sentimos, no con todo el mundo sino con ciertas personas. Lo que hacemos bien delante de alguien lo hacemos mal delante de otra persona, y nos transformamos en torpes y decimos: “no entiendo, si yo esto lo hice toda mi vida, si siempre lo hago bien, si practiqué bien, ¿por qué delante de esa persona me sale mal, me equivoco, se me caen las cosas o me siento torpe?”
¿Cuántas por ejemplo saben manejar? Cuando aprendieron a manejar, ¿no les pasó que con algunas personas manejaban bien y con otras se les paraba el motor, lo tenías que encender muchas veces, manejabas mal?; con otros bárbaro, te sentías bien segura, pero con otros te sentías torpe, ¿les pasó eso alguna vez?
Vamos a descubrir por qué nos pasa eso a las mujeres. Hay personas con las cuales muchas veces nos sentimos intimidadas, delante de estas personas cambiamos hasta nuestras reacciones corporales y nuestras reacciones mentales. Por ejemplo, delante de esas personas con las cuales nos sentimos incomodas, intimidadas, es como que son superiores a nosotras, comenzamos a tener pensamientos de derrota o se nos pone la mente en blanco, queríamos decir algo y nos olvidamos lo que teníamos que decir. ¿Cuántas dieron un examen delante de un profesor o profesora y se quedaron en blanco? y no era que no habías estudiado, te paralizó esa persona; ves que esa persona te traía dolor de estomago, “me revuelve el estomago cuando estoy delante de esa persona, no sé por qué me pasa”, empezamos a transpirar las manos, nos ponemos a llorar delante de esa persona, nos da ganas de llorar paradas o sentadas, y aún sin hablar ya nos ponemos a llorar, o empezamos a hablar llorando, que metemos el pecho para adentro, que el corazón se te acelera, o a veces tenemos temblores.
A esa persona que nos hace sentir torpe la asociamos con una persona de autoridad que tuvimos en nuestra infancia, puede ser un papá, una mamá, vemos a alguien en el día de hoy y asociamos a esa persona con ciertas características de una persona de autoridad en nuestra infancia; y a esa persona de autoridad la idealizábamos, era la persona que sabía todo, era la persona que tenía más poder que nosotras y podía humillarnos o podía levantarnos, a esa persona le otorgamos poder. Saben que las personas no tienen poder, sino que nosotras le damos el poder a las personas. Y ese jefe, esa persona, esa profesora nos representa una imagen de autoridad del pasado; puede ser que ese jefe nos haga acordar a nuestro papá; y si nosotros a nuestro papá no le podíamos contestar, a ese jefe no le podemos contestar; si cuando estábamos delante de nuestro papá nos daba miedo, se nos hacia un nudo en la garganta y llorábamos cuando él nos decía algo, cuando nos encontramos con un jefe con las mismas características que nuestro papá reaccionamos de la misma manera.
Yo hace mucho tiempo atrás les hablé que nuestro cerebro inmediatamente va a buscar y dice: “a ver, esta persona es parecida a quién de mi pasado…”, entonces el cerebro busca cómo reaccionamos en nuestra infancia frente a esa personalidad, y nos hace actuar de la misma manera. Es interesante porque esa figura de autoridad puede ponernos mal, porque es mala, la consideramos mala o autoritaria, y que nos va a dañar, o simplemente porque queremos agradarla, puede ser una figura de autoridad buena, puede ser una persona sabia, una persona de edad, pero sin embargo enfrentarnos a esa persona nos da cierta cosa, y nos volvemos torpes porque queremos agradarle; no es que sea mala la persona, sino que nosotros tenemos dentro nuestro la convicción que le tenemos que agradar sí o sí, que delante de esa persona tenemos que hacer todo bien.
Está el autoritario negativo, “me va a retar, me puede humillar, me va a hundir, me va a hacer sentir mal” o está la persona de autoridad que es buena pero nosotros sentimos que le tenemos que agradar. ¿Cómo reaccionamos las mujeres frente a esas personas que nos hacen recordar a alguien de autoridad en el pasado y que le concedimos todo el poder? Hay tres reacciones posibles: sumisión, rebeldía o impulsividad, y sabiduría.
La primera no nos sirve para nada, y la segunda tampoco; lo que tenemos que lograr es a reaccionar frente a esas personas con sabiduría, y que esas personas de alguna manera no nos hagan sentirnos torpes, porque en realidad no es que ellos nos hacen sentir torpes, nos sentimos torpes nosotras, es lo que ‘ponemos’ en la persona.
¿Cómo hacemos para reaccionar con sabiduria? Decí: “no idealizando”, no tenemos que idealizar a nadie; la gente está puesta ahí para que nos motiven, pero no para idealizarla. La otra persona que vos ves es tan ser humano como vos, por lo tanto no tenemos que idealizar a nadie. La persona está puesta ahí para que nos inspire en el camino de nuestra vida pero no para idealizarla. ¿Cómo hacemos para no idealizarla? Vamos a ayudarnos con la historia de la creación de Adán y Eva. Fíjense qué interesante: yo no idealizo cuando me siento segura de mí misma, cuando yo estoy segura de quién soy, de lo que estoy haciendo en la vida. Las mujeres que idealizan y dicen: “el otro es más fuerte, el otro tiene poder, el otro puede maltratarme, puede humillarme, puede hacerme feliz o puede hacerme la vida desgraciada”, esa mujer que está idealizando es porque se considera nada, porque no tiene seguridad en sí misma de quién es y hacia dónde va en la vida; porque si vos sabés quién sos y hacia dónde vas en la vida, el otro te inspira pero nunca lo agrandás ni le das poder.
“No voy a idealizar a nadie.”
Eva no fue creada porque Adán lo pidió, Eva no fue creada porque Adán se merecía a Eva, Adán no había hecho nada para merecerse un regalo tan grande como una mujer, ¡fue iniciativa de Dios que Eva estuviera en la tierra! ¿A quién se le ocurrió que Eva estuviera en la tierra? A Dios ¿A quién se le ocurrió que vos vinieras a esta tierra, a este mundo? ¡A Dios! Naciste por iniciativa de Dios y no por iniciativa de hombre, ¡gloria a Dios!, nadie te dio vida, quien te dio vida y quien sopló vida ha sido el mismísimo Dios; o sea: no le debés tu vida a nadie, porque el único que me sopló vida fue Dios.
Vos podés estar segura de por qué estás acá; decí: “Dios quiso que yo viniera, Dios es el autor de mi vida, Dios es el que decidió un día que yo tenéa que estar en esta tierra, nacer en tal año y vivir una vida espectacular, venir a ‘Presencia de Dios’, ir de gloria en gloria y de poder en poder”, ¡Dios decidió eso para tu vida!
En segundo lugar, Dios toma la costilla de Adán –un hueso repetido de Adán, para que no lo extrañara, para que no se haga el lindo– y ahí uno sabe que Eva estaba echa de la misma esencia de Adán. Decí: “estás echa de la misma esencia”, o sea que no sos inferior a nadie. “Ay, pero pastora eso ya lo sé…” sí, pero delante de esas personas no lo sabés, ese es el problema; lo tenés ‘teórico’ pero cuando te enfrentás a estas personas a las que le otorgaste poder, te parecen como gigantes, “le tengo miedo a ese ex-marido, le tengo miedo a mi marido, a mi jefe, le tengo miedo a esa mujer, que me quite tal cosa”, lo agrandás tanto, le tenés tanto miedo, porque no te das cuenta que estás hecha de la misma esencia, que no sos inferior a nadie; decí: “no soy inferior a nadie.” Hombres y mujeres estamos hechos de la misma esencia; cuando me enfrento a otra mujer me estoy enfrentando a otra mujer, que está hecha de la misma esencia; cuando me enfrento a otro hombre, me enfrento a un hombre que está hecho de la misma escencia, él no es superior y yo no soy inferior; ni yo soy superior ni el otro es inferior.
En tercer lugar, dice que Adán y Eva comen del fruto prohibido y en ese momento se activa algo en ellos. Mientras lo estaba leyendo dije: “acá hay algo que tal vez nunca le dimos importancia”; hay algo que se activó cuando ellos comen del fruto prohibido. ¿Qué se activó? Dice que ‘se les abrieron los ojos y vieron que estaban desnudos.’ Eva vio a Adán y dijo: “¡papito!” …y ni te cuento cuando Adán la vio a Eva, ¡se le abrieron los ojos! Y esta es una capacidad que los seres humanos tenemos; lo que pasa es que siempre vimos esto como algo negativo, pero esa capacidad la tenemos, es una capacidad que tenemos: los ojos abiertos para ver al otro desnudo… ¿y qué significa ver al otro desnudo? Verlo tal cual es. ¿Qué hacemos nosotros con la gente? Los seres humanos nos vestimos; cuando ellos se vieron desnudos empezaron a coser, fueron los primeros modistos, con diseños exclusivos que cosieron para taparse la desnudez. Y ¿qué hacemos nosotros? Nos cosemos un montón de cosas para tapar la desnudez: que los títulos que tenemos; que señora de acá; señor de allá; que los congresos donde fuimos; las cosas que hicimos; y nos jactamos, y nos vamos construyendo cosas encima para tapar la desnudez. Construimos cosas encima y no podemos ver ‘la desnudez’; este es grande, éste es fuerte, éste es poderoso, éste tiene plata, éste me puede destruir; y le seguimos construyendo cosas encima y no podemos ver ‘la desnudez’ del otro. Pero esta es una capacidad que tenemos los seres humanos, de ver al otro tal cual es, de ver su ‘desnudez’, de decir: “este es es igual que yo, estamos los dos desnudos, somos la misma cosa, tenemos la misma esencia, no voy a idealizar a nadie, ¡gloria a Dios por eso! No construyas nada en la gente. Alguien dijo: “en la cama somos todos iguales”, por eso morimos como morimos, porque de todo lo que construiste encima no te llevas nada, te morís desnudo, como viniste al mundo. Esa capacidad de ver en el otro la desnudez, de quitarle toda esa cáscara a la gente, eso que nosotros mismos le ponemos. ¿Por qué ponés tanto en la gente? ¿Por qué creés que esa persona tienen tanta autoridad? ¿Por qué creés que esa persona puede dañarte, destruirte? ¿Por qué esa persona hace que te sientas torpe, qué es lo que le pusiste a esa persona? ¡Sácaselo! Es de la misma esencia que sos vos; no es superior. Quisiste ponerlo en un lugar alto; “…pero él tiene estudio”, eso es algo que construyó sobre su vida; vos tal vez no lo construiste pero si querés lo podés hacer; “…pero tiene dinero”, eso es algo que construyó sobre su vida, vos tal vez hoy no lo tengas pero lo podés tener; “…y, pero tiene capacidad para hacer negocios”, vos hoy tal vez no la tengas, pero si hacés negocios internos, en casa, la capacidad la tenés, somos de la misma escencia. Para poder ver al otro como es y no idealizarlo tenemos que:
1) Entender que hemos sido creadas por iniciativa de Dios, que la gente no nos dio vida, que nadie es nuestro dueño, que el único que nos sopló vida es Dios
2) Estamos echas de la misma esencia, o sea: no somos inferiores a nadie –y usted me puede decir que lo entiende–, “Alejandra, me lo has dicho tantas veces…” pero igual se sigue comportando delante de la gente como inferior, sigue pidiendo migajas de amor de alguien, porque se sigue comportando y viéndose a sí misma como inferior a los otros;
3) Entender que tengo una capacidad, que es la capacidad de los ojos abierto; decí: “tenés los ojos abiertos”, no construyas ropaje sobre nadie.
Queridas mujeres: tenemos que empezar a recuperar nuestra autoridad.
¿Cómo logro tener seguridad y recuperar autoridad, de tal manera que el otro sea una persona sobre la cual me puedo inspirar, pero no que domine mi vida, que me tenga que someter a esa persona, que le tenga miedo?
Esta historia de Lucas capítulo 18 que leímos recién, esta mujer viuda quería que se le haga justicia y fue un montón de veces –fue perseverante– a pedirle a un juez injusto que no temía a Dios, no temía a los hombres, no le tenía miedo a nadie, era un psicópata de película, no le tenía lástima a nadie; pero sin embargo dice que por la insistencia de la viuda –que fue perseverante– le entregó lo que la viuda quería. ¿Por qué? Y acá viene lo más importante: porque negoció con su miedo. Este pasaje inmediatamente el Señor lo asocia: dice si ese juez que era injusto, que no le temía a nadie, le dio a la mujer lo que quería, ¿cómo nuestro Papá que está en el cielo no nos va a dar a nosotros lo que le pidamos? ¡Dios me va a dar lo que le pida! Porque hay mujeres que así como le tienen miedo a los hombres le tienen miedo a Dios, por eso no insisten con Dios, por eso oran pero son oraciones que no tienen sentido, base, fundamento, porque le tienen miedo a Dios. Y Él te quiere bendecir, y vos decís: “yo no sé si me va a bendecir tanto a mí…”, y hay una distancia muy grande entre vos y Dios, y la distancia dice miedo; hay miedo de Dios, miedo que Dios no te vea apta para recibir la bendición; miedo que Dios no te escuche; miedo a que Dios no te responda; entonces eso hace que te distancies cada vez más de Dios, hace que le tengas más miedo a Dios, y hace que te decepciones de Dios. Por eso tenemos que aprender a negociar nuestro miedo; yo se los dije hace poco: nuestro espíritu tiene que gritar más fuerte que nuestra alma, nuestra fe tiene que gritar más fuerte que nuestras emociones, y tenemos que vencer el miedo. ¿Cómo lo hacemos? Negociando con el miedo. Decí: “tengo que aprender a negociar con mis miedos.”
¿Cómo se negocia con mis miedos? Dominando el alma. Yo nunca voy a poder escuchar la voz de Dios si no silencio mis miedos; Dios siempre habla y Dios siempre quiere responder. ¿Cómo ustedes creen que Dios no las escucha? El problema que ustedes no escuchen la voz de Dios es por el miedo que tienen; y el miedo no les permite escuchar la voz de Dios. Por eso querida mujer, cuando tengas un miedo tenés que empezar a negociar con el miedo. ¿Cómo se negocia? Preguntándole al miedo: “¿por qué?” Esta viuda dijo: “¿por qué no acercarme a este juez?, ¿porque es malo?, ¿y cuál es el problema de que sea malo?, ¿qué me puede hacer este juez…? ¿Sacarme tal cosa?, ¿no responderme?; ¿y cuál es el problema que me saque esto, o no me responda?” Y ella empezó a hablarse internamente, a hacer un negocio con ella misma. En primer lugar, vos no podés ir a negociar con nadie más si primero no negociaste con vos misma; lo que te estoy diciendo es ‘oro en polvo’: si vos no negocias internamente con vos y sabés qué es lo que querés y hacia dónde vas, nunca vas a poder negociar con nadie y la gente te va a dar lo que la gente quiera. Tenés que aprender a negociar, a hacerte preguntas: “¿por qué no?, ¿por qué creo que esto no es para mí?, ¿por qué creo que Dios no me va a bendecir?, ¿por qué a veces el miedo aparece y no hacemos nada?
Ya nos acostumbramos a tener miedo y no nos enfrentamos a las situaciones; porque nos acostumbramos; pero tenemos que primero negociar con nostras. “A ver: ¿por qué no me puedo enfrentar a esa persona? ¿Por qué se me pone un nudo en la garganta y tengo ganas de llorar cuando la enfrento? ¿Con qué la asocio a esa persona? ¿Qué es lo que me puede hacer?, y si me lo hace ¿qué pasaría?, ¿cómo seguiría mi vida en adelante?”, y empezar a negociar. Porque cuando vos negociás internamente, el miedo se va a quebrar, y cuando se va quebrando el miedo vas a ir escuchando la voz de Dios, porque la fe, el espíritu, grita más fuerte que tu alma, que tus emociones. Hoy el miedo está gritando fuerte en tu vida: “yo no lo puedo enfrentar, no puedo salir adelante de esta enfermedad, no puedo enfrentar esta crisis económica, no puedo enfrentar a esta persona, le otorgué poder para someterme y hacer todo lo que esa persona quiere, al final siempre termino haciendo lo que el otro quiere y no lo que yo quiero…” ¿Sabés por qué terminás haciendo lo que el otro quiere y no lo que vos querés? Porque vos no sabés lo que querés. Así de fácil. Por eso terminás haciendo lo que el otro quiere, porque no sabés lo que querés. ¡Es así de sencillito! No sabés; porque si vos sabés qué querés, nadie te mueve de ahí; pero como no sabés, viene el otro y dice: “vas a hacer así”, “tenes razón, muy claras las cosas no las tengo”, y a las mujeres nos pasa eso, el no saber negociar con nostras mismas, no sabemos preguntarnos qué quiero; “a ver, en esta etapa de mi vida, ¿qué quiero?, ¿voy a seguir haciendo lo que todos los demás me dijeron que tengo que hacer?, ¿qué es lo que realmente quiero?, ¿de qué tengo ganas? Y a veces ni siquiera podemos discernir nuestros deseos, por eso cuando viene el otro nos termina sometiendo, nos termina dominando. Pero cualquier persona que tenga la oportunidad de dominar a otra lo va a hacer, ¡eso ni lo dudes! Vos misma, si tenés la oportunidad de dominar a alguien y decirle: “vos sentáte acá y escuchame a mí, porque sé más que vos”, lo vas a hacer. “Yo van cinco años que vengo al ministerio, y conozco bien a los pastores, tenés que escucharme a mí, así que me vas a obedecer y vas a hacer lo que yo te digo”, porque nos encanta, está dentro nuestro la capacidad de dominar; y nos encanta dominar a la gente. El problema no lo tiene el otro, sino quien se deja someter; porque como no sé lo que quiero, entonces ‘cualquier colectivo me viene bien’.
Debemos empezar a determinar lo que queremos, de Dios y de la gente, ¡de Dios también!, ¿qué querés de Dios, y qué querés de la gente? Pero si no sabés qué querés de Dios, ¿para qué estás orando, si no sabés lo que querés recibir de la mano de Dios?, ¿para qué querés tener una pareja? …no sabés, lo hacés por costumbre, por tradición, porque te dijeron que habéa que tenerla, que había que estar con un hombre al lado. Si no sabés que querés, te vas a ‘tomar cualquier colectivo’; ¡tené cuidado!, es el ochenta y seis tu colectivo, no cualquiera. Pero para eso tenés que sentarte primero y negociar con vos, qué es lo que quiero de mi vida, qué es lo que estoy haciendo de mi vida, por qué tengo miedo de enfrentarme a esa situación, por qué tengo miedo de encarar a esta persona, por qué sigo haciendo lo mismo, por qué no me atrevo a salir, por qué siempre la misma costumbre, la misma rutina, por qué no sé a dónde ir, y cuando alguien tiene algo estable me aferro a esa persona, le otorgo poder, idealizo a esa persona y digo: “él sí sabe dónde tengo que ir, él la tiene clara”, y te enganchás con el primer hombre que te dijo que la tiene clara, y está más confundido que vos.
¿Qué querés pedirle a Dios? Hay mujeres que dicen: “voy a hacer la oración de recuperar lo perdido” y nunca en su vida perdieron nada, está orando para nada; si ora por la otra, bárbaro, gloria a Dios; pero para vos no, ¿para qué haces la oración? Porque vos tenés que saber qué le vas a pedir Dios; “Señor, que mi familia no se enferme” y no tenés familia, estás sola; “yo hago la oración por los hijos”, y no tengo hijos, la hago igual. ¿Qué querés pedirle a Dios? Tené claro eso, porque a Dios le gusta cuando somos claras; el problema es que las mujeres no somos claras, porque no la tenemos clara. Internamente repetimos como un loro lo que otros dicen, y yo me he hartado de eso, por eso siempre busco la salida, la manera, “no es esto lo que quiero.” Y mire: le va a costar enfocarse, le va a costar encontrar el rumbo, pero lo importante es que empiece a buscarlo, y que termine su vida sabiendo que hizo lo que tenía que hacer, y no lo que los demás le dijeron que tenía que hacer. Dice 1ra Corintios 2:5 que nuestra fe está fundada en el poder de Dios y no en sabiduría humana. Su fe, ¿dónde está fundada?, ¿en el poder de Dios o en la sabiduría de los hombres? “lo que me digas lo hago” …¡no! Yo tengo poder de Dios dentro mío y voy a escuchar la voz de Dios, porque no hay miedo que me pueda vencer, voy a seguir adelante, digan lo que digan, me recomienden lo que me recomienden. “A ver qué dice la tele de esta enfermedad”, vos hacé lo que el Espíritu Santo te diga, lo que tenés que hacer; hacé lo que el Espíritu Santo te diga, sé sabia, no idealices a nadie.
¿Sabés lo que le vas a pedir a Dios? Estate segura, porque Dios te va a responder de acuerdo a tu fe; si vos creés algo y lo asegurás, Dios te va a responder. “¿Y si paso vergüenza?”, vos no te preocupes; Dios nunca te va a hacer pasar vergüenza; Dios va a responder a lo que fuiste firme, porque tenías claro a dónde ibas. Pero si seguís la visión de los demás, fuiste. Decí: “mi fe está fundada en el poder de Dios.” Si hablás cosas fuertes, van a ocurrir cosas fuertes, si hablás poder, vas a ver poder en tu vida; si hablás debilidad, vas a ver debilidad en tu vida; si hablás fe, vas a ver milagros en tu vida… ¡gloria a Dios!

Usted tiene el don del Espíritu Santo, que –como dice– viene con poder y no con temor; y le dice Pablo a Timoteo: “aviva el fuego del don que hay en ti”, ¿cuál es el don que hay en ti? El del Espíritu Santo, que es poder; aviva entonces el fuego del poder, deja de actuar en debilidad, deja de tenerle miedo a la gente; yo me enfrento porque el Espíritu Santo está dentro mío y puedo pasar cualquier situación; el otro no es más grande que yo, somos de la misma naturaleza, de la misma esencia; y yo estoy puesta en esta tierra porque Dios lo determinó. No esperes que venga una pastora a avivarte el don; porque hay algunas que están esperando ser ‘avivadas’, “ay a mí la pastora me va a poner aceite en las manos…”, ¡no! avivate a usarlo en tu casa; decí: “pero ¿qué estoy haciendo acá tomándome el cincuenta y cuatro cuando me tenía que tomar el ochenta y seis?”, en algún momento te tenía que hacer clic; decir ¿por qué yo le estoy rindiendo pleitesía a este hombre?, te tiene que hacer clic.
Esta mujer que nos contaba de la hija y la nieta, que el hombre les roció con nafta… ¡pero te tiene que hacer clic antes!, la cosa no debe llegar a extremos, te tiene que hacer clic antes de que sos una mujer puesta en la tierra por Dios, que tu hija fue puesta en la tierra por Dios para un propósito, no para que un hombre te tire nafta y haga de tu vida lo que quiera; ¿con qué derecho, qué autoridad le diste a esa persona para que te trate como si fueras una basura, te prenda un fósforo y se acabe tu vida? ¿Se da cuenta? ¿Por qué tantas veces hemos sido tan sumisas frente a tantas cosas? Por no saber lo que no queremos, por no aprender a negociar con nostras; aprenda a negociar con usted; “quiero esto, quiero esto y para esto voy a vencer mis miedos y voy a ir en búsqueda de lo que quiero, me voy a mover, yo no voy a esperar que alguien me avive el fuego del don; el don lo tengo adentro, lo voy a avivar yo ¡gloria a Dios!
Dios quiere, Dios va a responder a todas nuestras oraciones; pero sabé, tené en claro lo que vas a pedir, tené en claro qué estás orando; si yo te pregunto en este tiempo ¿qué estás orando? yo te puedo asegurar que son las oraciones que hacemos todas, las mismas de siempre: “Señor, los alimentos, mis hijos, que se conviertan…?, ¿qué estás orando, para qué querés que tu hijo se convierta? ¿lo tenés claro? Entonces ora específico. Yo hablaba con una persona ayer y me dice: “¿y vas a sacar otro libro?” “Sí, me pidieron otro libro, es más: me pidieron que firme el contrato, ‘aunque sea firmame el contrato, después vemos qué libro’, y no, yo sé hacia donde voy, porque yo no quiero ser una más del montón, yo quiero ser excelente, porque Dios a mí me llamó a brillar, no me llamó a ser una más, Dios te llamó a sobresalir, Dios te llamó a brillar, y tenés que saber hacia dónde vas a apuntar en la vida. ¿Usted sabe a dónde quiere ir? Usted se va a encontrar que tiene que renunciar a ciertas cosas, por ejemplo renunciar al miedo, yo sé que tengo miedo, pero voy a negociar con este miedo, me lo voy a cuestionar; y tiene que saber que tiene que renunciar a ciertas cosas. Hace dos años atrás yo pensaba: “Señor, ¿mi propósito?” porque no se te hace clara en la primera; y empecé a negociar: “no, esto Señor no me interesa, esto que estoy haciendo no me gusta, no me siento bien, haciendo esto, no me trae satisfacción espiritual, me trae resultados pero no satisfacción espiritual, y yo necesito estar enfocada Señor” y empecé a preguntarle. Y el Señor me dijo: “Latinoamérica” y yo en esa época viajaba, y el Señor me decía: “Latinoamérica” y le decía: “yo tengo un corazón para Latinoamérica” pero tenía el corazón para ellas, pero seguía yendo a Europa, y tuve este año tres invitaciones para ir a España, y el Señor me dijo: “enfocate a donde querés –‘mi corazón en Latinoamérica’–; renunciá a aquello” y no tuve ni el más mínimo dolor, ni nada; me venían las invitaciones, decía: “tengo una pastora para enviarte, pero yo no puedo ir”; dije no, porque mi destino espiritual no era Europa, es Latinoamérica, porque está en mi corazón Latinoamérica.
Renuncié sin dolor mujeres, porque cuando uno sabe hacia dónde va, lo que tenés que dejar no te provoca dolor; si no es eso lo que te hace latir el corazón, tenés que saber qué te conmueve, que hace que el don que está dentro tuyo se active, se prenda fuego. Cuando dejé eso, ¡empezaron a llover invitaciones de Latinoamérica! Ahora lo dejé para mitad de año, después que termine las grabaciones de ‘Utilisima’, porque no quería hacer todo junto; dije esto: “termino de grabar, le pongo todas las pilas a esto, y tengo como cuatro viajes por delante.” Ayer terminé de arreglar un viaje a Colombia por primera vez, voy a ir a bendecir a las mujeres en Colombia; me voy a ir a México; mujeres latinas en Waghington, me voy a ir a bendecir, tenía una a Bolivia –me la suspendieron, pero iba a ir a Bolivia con todo mi corazón–; me han invitado de Chile, de Perú. ¿Saben por qué?, porque yo me enfoqué, “esto es lo que quiero Señor.” Ahora si voy a orar, no: “enviame para ministrar mujeres…”, sino: “…¡mujeres de Latinoamérica!” Tenés que enfocarte, tenés que enfocarte. Y si alguien viene y dice: “yo creo que estás preparada para ir a otro lugar, me parece que podés”, yo sé que puedo, pero no es lo que yo quiero, no es lo que yo le dije a Dios, no es lo que le pedí a Dios. Y si no encaja con lo que le pedí a Dios, no me interesa. Pero tenés que aprender a negociar, no ir de un lado para el otro. Un día le dije Bernardo: “yo no voy a ir a hacer más impactos”; íbamos todos los sábados, desgastaba mi salud, más las actividades de acá, más la tele; y dije: “no lo voy a hacer más; necesito los sábados para sentarme, para hacer los programas, los mensajes”, porque no puedo sentarme otro día, y yo tengo mis tiempos divididos; dije: “no voy a hacer más impactos”, y él lo siguió haciendo, porque él tiene un corazón para eso; es algo diferente. A partir de ese momento empezaron a aparecer cosas, y fui a los lugares donde va Bernardo, él va fisicamente pero yo voy de otra manera; pero llegamos con el mismo impacto, porque hacemos un trabajo en equipo, porque somos dos que hacemos uno, haciendo un trabajo en equipo. Pero hay que enfocarse; mujeres, tenemos que aprender a enfocarnos; que no te digan lo que tenés que hacer; hacé lo que Dios te dice que tenés que hacer, y aprendé a pedirle a Dios. Dije: “Señor quiero que me enfoques”, el Señor me dio el año pasado una serie de viajes; yo hacía viajes de un día, iba a la mañana y volvía a la noche; iba a Neuquén, al Chaco, a Formosa, a toda la Argentina; pero yo no podía haber hecho eso si yo primero no renunciaba a esto; “Señor, no es esto, yo sé que me diste otro camino, yo sé que quiero llegar a todas las mujeres de Argentina, de Capital, del Gran Buenos Aires, de Latinoamérica, pero necesito enfocarme.” Necesitás enfocarte mujer, en tu casa tal vez seas de esas que van y corren por todo; enfocate. Se te están pasando los años… “¿qué querés?, no puedo; ¡lo tengo que hacer todo yo!”, porque no te enfocaste, porque cuando estás enfocada, los recursos aparecen, vienen a tu vida; no aparecieron antes porque querías controlar todo, y querías hacer todo, y terminás desgastada; pero cuando estás enfocada… “yo voy para acá”, es como cuando salís a comprar y no sabes qué comprar; te detenés en todas las vidrieras, te pasaste horas, pero no te gustó nada; en realidad no sabías. Pero si decís: “yo voy a buscar un pantalón negro” vas y te comprás el pantalón negro, eso es estar enfocado. Tenés que enfocar tu vida, no que los demás te determinen. Yo digo: “la agenda tiene que ser propia”, no puede ser que tu familia te escriba tu agenda, no puede ser que te levantes a la mañana con la agenda escrita por los demás, no puede ser que todas las actividades tengan que ver con los demás; no es que vas a dejar todo y decir “arréglense”, no; vas a saber qué elegir y vas a saber qué comprate. Miren: las cosas se ponen buenas, y las cosas se ponen mejores cuando me enfoco en Dios; y Dios quiere, y Dios va a responder a todas nuestras oraciones, ¿saben por qué?, porque los oidos de Dios son más grandes que los nuestros y Él siempre está adelantado y nunca está atrasado, Dios siempre está adelante, Dios ya te escuchó antes de que le pidieras y siempre está delante preparándote el camino, siempre y cuando sepas cuál es el camino por el que tenés que andar. Cuando estás segura de que Dios te puso en esta tierra por voluntad de Él, cuando estás segura que sos de la misma escencia de la persona que tenés al lado, cuando estás segura que Dios tiene un propósito y empezás a negociar internamente, en ese mismo momento te transformás en una persona que no idealiza a nadie.
Dice que Dios mandó al profeta Ezaquiel a un pueblo desobediente, un pueblo duro, rebelde, “y te voy a mandar a ese pueblo, y te voy a dar una frente de diamante; ellos son duros pero vos vas a ser tan duro como ellos”, cuando Dios te envía, cuando tenés la seguridad de quién sos, tu persona, tu frente es tan fuerte como la persona con la que te estás enfrentando; y dice: “no temas delante de ellos, no temas, no temas porque te he hecho de la misma esencia, con la misma dureza, con la misma capacidad y y con la misma vestimenta”.
Aprenda a afirmarse; nunca diga: “y… no sé, lo que a vos te parezca”, nunca dejes esa opción a nadie, hasta que no esté segura, nunca le dé esa opción a nadie; cuando tenga la posibilidad de elejr, elija; cuando tenga la posibilidad de decidir, decida; nunca pierda las oportunidades de vida; nunca diga: “lo que vos quieras, lo que te parezca; y… no sé” a lo sumo digan: “dejámelo pensar, pero mañana te contesto”, sepan enfocarse. “¿Esto tiene que ver con mis sueños? Si tiene que ver lo tomo, si no tiene que ver lo tiro, porque lo tengo por basura, porque no me va a servir para nada”; “¿esto ayuda a que yo sea feliz?, si no ayuda a que yo sea feliz, no tiene que ver con el propósito de Dios; lo tiro, porque yo he sido llamada para ser feliz.” Enfóquese mujer, decida de la vida qué quiere que le pase, desenfóquese de otras cosas que le estuvieron llevando la vida, haciéndole perder tiempo. ¿Qué es lo que desea, qué es lo que necesita? Cuando viene Dios todo es bueno, isnsístale a Dios, no se preocupe por insistirle, Dios ya le ha escuchado; usted sea como la viuda de la historia: insista. ¡Vamos! “Dios, mirá que te pedí esa plata, mirá que te pedí esa casa, ese negocio”, sé insistente, corré detrás de tus siembra, corré detrás de tus siembras para recibir tus cosechas; no te las olvides, no las dejes en manos de otro, corré detras de tus siembras, acrodátelas, recordáselas al Señor, “no te olvides que me prometiste tal cosa, no te olvides que un día me dijiste esto, que un día me diste esta palabra profética, no te olvides que un día hiciste esta oración, que un día pacté contigo Señor, te estoy persiguiendo y lo voy a lograr”.
Enfóquese, es el mejor consejo que le puedo dar; negocie con usted misma, “no, esto no es así, es esto”; usted tiene que tenerlo claro, usted tiene que tenerlo claro, para saber adonde va; después la gente va a venir, la va a acompañar, porque el mundo está buscando mujeres que la tengan clara, que estén enfocadas, que sepan conducir a los demás hacia un destino y hacia un propósito, y usted tiene que ser una mujer líder, usted tiene que enfocarse para que muchas más la sigan y volver a formar mujeres enfocadas también. ¿Hacia dónde va su vida?, ¿o se tomó cualquier colectivo y le viene bien?, ¿hacia dónde va su vida?, ¿cuál es su destino?, ¿a dónde quiere llegar?, ¿cuál es el fruto que quiere cosechar en este tiempo?, ¿cuál es el fruto que quiere saborear en este tiempo?, depende de usted, que esté enfocada; porque Dios ya escuchó su oración, y Dios quiere, y le va a responder. Deci: “tengo frente de diamante”, mirá la frente dura que tengo, soy obstinada, porque Dios me ha hecho dura y firme, ¡gloria a Dios!
Por Alejandra Stamateas
Si este Mensaje de Exito te ayudó, enviame tus comentarios a iglesia@presenciadedios.com
|