La expresión “cualquier hombre me viene bien” o “cualquier cosa ya me viene bien” proviene de una mujer despechada. Se trata de mujeres que se quieren vengar con el primer hombre que se les cruza, por lo vivido con su ex pareja. Mujeres que tienen sentimientos dolorosos por lo que les pasó. Yo he recibido mensajes de mujeres que dicen: “estoy despechada y con bronca porque mi marido me fue infiel, o porque mi marido mira pornografía y lo descubrí; yo siento que él hace el amor conmigo pero pensando en las imágenes que ve en la computadora o en televisión”; o “me enteré de que mi marido es homosexual, después de tantos años de casado él me lo confesó”. Muchas mujeres frente a estas crisis sienten que se tienen que vengar.
Esta expresión también proviene de mujeres desesperadas; son mujeres que dicen “ya no voy a encontrar al amor de mi vida”. Por ejemplo, si son solteras dicen: “se me está pasando el tiempo, tengo que buscar un hombre, lo que sea, pero me tengo que casar, tengo que hacer una pareja, se me pasan los años y quiero tener un hijo, se me pasa el tiempo y me voy a quedar sola”. Otras mujeres casadas o viudas que dicen: “tal vez ese era el hombre de mi vida, ese era el hombre que estaba destinado para mí, ahora no voy a encontrar otro hombre… ¿encontraré el amor otra vez?, ¿alguien se va a enamorar de mí?, ¿voy a gustarle a otro hombre?, se me está pasando el tiempo, ¿le va a gustar a alguien mi cuerpo, mi forma de ser?”. Esas mujeres dicen: “no importa; cuando un hombre me diga algo, al primero que me da el pie, lo agarro y no lo suelto” porque son mujeres desesperadas.
Esta expresión también proviene de mujeres desilusionadas. Estas mujeres piensan: “todos los hombres son iguales; conocés a uno y conociste a todos, no hay nada nuevo por descubrir; que pase el que sigue; son todos lo mismo; todos te hacen el verso y te terminan arruinando la vida, terminan mintiendo”, es la expresión de una mujer desilusionada.
Afirmar que “cualquier hombre me viene bien” es como ‘tirar la toalla’, es como rendirse en el área emocional, rendirse en el área afectiva; mujeres que están desganadas, que están despechadas, mujeres que están desesperadas por un hombre.
La búsqueda de una pareja puede ser un fin o un proceso
Puede ser un fin: “yo quiero un hombre, sea quien sea, a mí no me importa, lo importante es que yo tenga un hombre colgado de mi brazo, y en mi cama”. Para algunas mujeres tener un hombre es un fin, no les importa quién, no les importa nada más, no les importa si es lindo o feo, si tiene plata o no. Son mujeres que tienen presiones internas y presiones externas: vengarse por lo que le hizo su ex-pareja, o creerse lo que nos han dicho a las mujeres –que si no teníamos parejas estábamos perdidas–, presiones sociales. Esas mujeres dicen: “vivir es tener una pareja, voy a ser feliz cuando tenga esa pareja”.
En cambio, una mujer que quiere tener una pareja pero lo toma como un proceso de construcción dice: “mi sueño de conseguir una pareja lo voy a construir, y en esa construcción, en ese proceso, voy a disfrutar de principio a fin”. No son mujeres que dicen: “yo voy a ser feliz el día que…”, sino mujeres que dicen: “yo soy feliz porque tengo un sueño y lo estoy construyendo”. Si podés tomar tus sueños como un proceso de construcción –alegrarte, disfrutar, aprender, crecer, madurar, vivir esa construcción hasta llegar al final–, cada logro que tengas no lo vas a ver como algo ‘caído del cielo’, sino como un proceso de construcción, lo que has estado construyendo durante tanto tiempo para lograrlo.
Imaginemos una pared en construcción: revoque, cemento, ladrillos, agua. Para formar el cemento pongo agua y mezclo; es una parte del proceso de construcción; luego hay que ponerle agua a los ladrillos, ir pegándolos. En el medio de la construcción te puede pasar que se te caiga algo; lo recogés y seguís construyendo.
¿Qué tenés que construir querida mujer? La vida es un proceso; la vida no te viene del cielo, las cosas en tu vida no se dieron porque sí; las cosas en tu vida las tenés que construir. Supongamos que a nuestro hijo le fue mal en un examen; él va a decir que el profesor era malo, o que no lo quiere, o que era muy difícil. Pero el problema es que no hizo una construcción para llegar a un final feliz. En cambio, al que le va bien en el examen es porque hizo una construcción, pasó horas, buscó material, fotocopió apuntes de libros, hizo los trabajos prácticos; le puede tocar un profesor bueno o malo, pero él que construyó un camino antes del examen, y le va a ir bien.
No está mal mirar la meta final, pero lo importante es que puedas construir un camino para llegar a esa meta.
Vos querés un hombre, pero no cualquier hombre; vos querés construir en tu vida y vos querés el tipo de hombre que tenga que ver con la construcción de vida que estás haciendo. Por eso Filipenses 1:6 dice: “el que comenzó…” ¿Quién comenzó? ¿Quién hizo nuestra vida? “…la perfeccionará”, no dice “la terminará”, dice que si Él comenzó, Él va a perfeccionar. ¿Qué es lo que perfeccionará? La construcción, el proceso. Si hay un ladrillo que está torcido lo va a enderezar; si hay algo que está mal te va a enseñar cómo hacerlo, si tenés que sacar todo y volver a hacerlo te va a decir: “rompé todo y empezá de nuevo”, porque dice que el que comenzó la obra la perfeccionará a lo largo de todo el proceso de construcción.
Dios está con nosotros al principio, durante el proceso y al final
Hay mujeres que quieren ver a Dios cuando Dios les de la respuesta, y Dios dice: “yo quiero que me veas desde el momento en que me pediste, desde que iniciaste tu sueño, y que veas en todo el proceso que yo estoy contigo, dándote el mejor final”.
Si mi meta es el matrimonio, el proceso tiene que ser de investigación y de conocimiento. Muchas mujeres hicieron una relación con un hombre que no les dijo que tenía sida, o que no les dijo que tenía otra familia paralela, que no les dijo que estaba en quiebra y debía mucho dinero. O sea no hicieron un proceso de construcción de su pareja, no investigaron. Tengo que investigar.
¿Vos comprás una casa o un auto viendo solamente las fotos por Internet? Entonces ¿cómo vas a hacer pareja con un hombre que conociste hace diez minutos por Internet, tal vez chateando, o por fotos? ¿Cómo creés conocer bien a un hombre por sus mensajes de texto de celular? ¿Cómo pude ser que no te arriesgarías nunca a comprar una casa mirando la foto solamente por Internet, pero te arriesgás a entrar en una relación con un hombre que conocés solamente por mensaje de texto? No se trata de ser moderna; tengo que hacer un proceso de investigación. Hacer preguntas difíciles, sin titubear, y si se ofende, que se ofenda, y si se pone mal, que se ponga mal, y si cree que soy una interesada, que lo crea. Estás en proceso de construcción para llegar a un final feliz.
Para construir mi pareja debo preguntarme:
- ¿Cómo es él?
- ¿Cómo me conoció?
- ¿Cuáles son sus sueños?
- ¿Qué es lo que ama?
- ¿Qué piensa sobre las diferentes áreas de la vida: económica, intelectual, sexual?
- ¿Cuánto gana, y cuánto quiere llegar a ganar?
Yo debo preguntarme:
- ¿Qué estoy queriendo en esta etapa de mi vida?
- ¿Qué clase de pareja estoy necesitando?
- ¿Qué es lo que anhelo?
- ¿Qué cosas quiero que no me pasen nunca más?
- ¿Qué cosas quiero que sí me pasen?
- ¿A qué cosas le voy a decir que no, y tengo bien en claro que les voy a decir que no?
La construcción que hagas va a determinar el final y la bendición que se suelta cuando llegues a lograr tus metas. Cuando logras la meta después de un proceso de construcción, se suelta una bendición.
La vida no es como el box, donde uno le da una buena piña al otro, y cuando cae terminó la pelea; sea en un round, dos, tres, o más. La vida es más parecida a la lucha libre: no es por un golpe final, es una por resistencia. Dura hasta que uno de los dos queda exhausto. Dios está levantando mujeres resistentes, mujeres que tienen resistencia, que saben pelear la vida, mujeres que construyen firme, y que saben lo que quieren en la vida.
Lea era una pobre mujer a la que le importaba más cumplir con la orden del padre que cumplir con su propio deseo. Apenas su padre vio a Jacob, le dijo: “casate con Lea, después te doy a mi otra hija”. En cambio Jacob tenía un objetivo, era un hombre que sabía lo qué significa construir algo, y dijo: “si tengo que trabajar siete años más para conseguirla, lo voy a hacer” porque había trabajado siete años para poder ganar a Raquel. Jacob no tuvo miedo a los procesos. No tengo que tener miedo al proceso que estoy viviendo.
Hay mujeres que se angustian porque están solas, hay mujeres que piensan que sus hijos van a crecer y ellas se van a quedar solas, se angustian porque no pueden disfrutar, crecer y gozar en medio del proceso. Si Dios estuvo al principio, Dios va a estar en el proceso y va a estar en el final.
¿Dónde aprendió Jacob lucha libre? ¿Dónde aprendió Jacob a tener resistencia? Lo aprendió con Dios. Un ángel se encontró con Jacob y empezaron a luchar; ese ángel era Dios mismo. En un momento el ángel se iba y Jacob lo retiene y le dice: “no te voy a dejar ir hasta que me bendigas”. Muchas veces Dios hace eso con nosotros; hace como que se va, porque a Él le encanta que lo retengamos. Dios dice: “me tengo que ir a otra ciudad, me tengo que ir a atender a otra gente” y nosotras tenemos que ser resistentes y decirle: “Señor no te vas a ir de este lugar hasta que me bendigas, no te vas a ir de acá”. Sé resistente, aferrate a la pierna del Señor y no la sueltes hasta que logres su bendición. Hay que adquirir resistencia. Jacob la adquirió cuando peleó con Dios, no porque le ganó a Dios, sino que a Dios le encanta que le digas: “quedate conmigo”.
En la historia del camino a Emaus, se les aparece Jesús a dos discípulos y ellos no lo reconocen; cuando llegan al pueblo donde se iban a quedar, Jesús dijo: “yo sigo mi camino” y ellos le dijeron: “quedate con nosotros”. Al Señor le encanta hacer esas cosas, parece que se va para que lo retengas.
Jacob pasó por el proceso de lucha, venció y obtuvo su bendición. Allí él aprendió a ser resistente. Ese proceso de construcción donde no sabes cuál será el final pero sí sabes lo que querés, ese proceso de construcción es el que determina tu final. En tu vida hay muchos hitos: el día que te casaste, el día que te recibiste, el día que tuviste un hijo, el día que te enamoraste; pero todos esos hitos los fuiste construyendo, no vinieron así porque sí. La vida que hoy tenés es tu construcción; no le podés echar la culpa a nadie, es lo que vos construiste. Hoy estás viviendo de acuerdo a lo que construiste ayer; sino construiste, o si construiste con materiales mediocres, aprendiste algo en medio del proceso y dijiste: “no me importa”, así va a ser tu fin y así va a ser tu presente. Pero si te atreviste a disfrutar en medio del proceso y saber que Dios ha estado contigo y estará siempre contigo, aunque todavíaa no llegue ese final, Dios está en el proceso, porque estás madurando y estás creciendo. Tal vez cuando empieces a valorar el proceso, te des cuenta que eso que querías no es realmente lo que querías, porque aprendiste, creciste maduraste, y ahora Dios tiene algo más grande todavía preparado para tu vida, nada que ver con lo que querías tiempo atrás.
¿Sabés cuál fue el problema del hijo pródigo de la parábola? La incapacidad de pasar por el proceso de madurez. Eso mismo lo vemos en nuestros hijos. Eso lo aceptamos en un adolescente, pero no en nosotras que hemos crecido. Uno sabe que los hijos no quieren pasar por procesos, quieren todo ya, quieren todo ahora, el mundo en el que viven es un mundo donde no hay procesos, por eso no pueden valorar; y cuando viene el fin –que muchas veces no es el fin que ellos quieren– lo tienen pero no lo disfrutan, porque no han pasado por un proceso.
Querida mujer, cuando vos hacés una construcción de tu vida decís: “esta pared tiene que ser así, no cualquier cosa”, “eh, pero vos sos muy exigente”, “sí, soy exigente, claro que sí, porque yo sé el fin que estoy esperando, yo sé lo que quiero, y si no lo tengo ahora, esperaré y disfrutaré de esa espera, porque estoy pasando por mi mejor momento: el proceso de construcción”. Dios me ayuda con la pala, con el cemento, con los ladrillos, Él me da una mano, me corrige, me guía y me lleva al éxito. Yo me tengo que poner una meta, y tengo que construir hasta alcanzarla, y mientras construyo ¡disfruto!
Aprendé a disfrutar de tu vida.
No llores en medio del proceso, alegrate porque Dios te está haciendo una mujer única, resistente, una mujer que va a valorar todo lo que quiere, no cualquier cosa. Dios no quiere que tengas cualquier cosa, Dios quiere darte sus secretos mejor guardados; Él quiere darte las piedras preciosas que tiene para tu vida. Él quiere darte regalos elegidos especialmente para vos; Él no te trajo para cualquier cosa, para lo que venga, para que me de lo mismo. Él te trajo para la excelencia, para que disfrutes de lo mejor.
Lucas 15:8 “¿o qué mujer que tiene diez dracmas si pierde un dracma no enciende la lámpara, barre la casa, busca con diligencia hasta encontrarla y cuando la encuentra reúne a sus amigas y vecinas diciendo: ‘gozad conmigo porque he encontrado la dracma que he perdido’; así os digo que hay gozo delante de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente”.
Una mujer tenía diez monedas de oro; perdió una y pudo haber dicho: “bueno perdí una, igual tengo nueve monedas de oro que valen mucho… ¿cuál es el problema? Si perdí una no es para tanto, no está tan mal…” Son mujeres que tienen nueve cosas en su vida pero les falta una. Hay mujeres a las que les falta una cosa y entonces se hacen las superadas, “no lo necesito”. En el caso de que la moneda perdida sea un hombre, “yo no necesito un hombre, yo estoy en otro nivel, yo hago meditación trascendental…”, “a mí no me importa porque lo material no me interesa nada”, perdieron la moneda y no quieren reconocer que la están buscando, que la necesitan. Si tenés nueve y tenías diez ¿por qué no tener diez, si podés tener más?, ¿por qué no recuperar todo lo perdido? Lo tenés que volver a encontrar. Si perdiste la felicidad, la tenés que volver a encontrar; si perdiste la alegría, la tenés que volver a encontrar; si perdiste el amor, lo tenés que volver a encontrar.
Esta mujer entró en proceso, porque cuando querés algo siempre vas a entrar en proceso; el querer es el principio, y en el principio está Dios; pero ella entró en proceso e hizo tres cosas: encendió la lámpara, barrió y buscó…
- Encender la lámpara es revelación, sabiduría, conocimiento.
- Barrer es limpiar todo tu pasado, todo lo que venís arrastrando del pasado. Agarrá una escoba en tu vida y sacá todo lo que es suciedad, que no te permite ver la bendición del presente.
- Después buscá; una vez que hayas encendido la luz, una vez que hayas barrido y limpiado toda tu casa, toda tu vida, empezá a buscar.
Y ella encontró la moneda. Vas a encontrar lo que estás buscando; no niegues que estás buscando algo, pero acordate que estás en medio del proceso. Los procesos son buenos. “¿Pero cuántos años Alejandra?, yo ya no puedo esperar más…”, sí que podés esperar más. Cuanto más largo el proceso, más vida vas a tener. La vida no se te va a acabar antes de que no alcances tu sueño; el sueño lo vas a tener en tus manos, lo vas a disfrutar también. Recordá que la vida es una construcción.
Esta mujer no se conformó con cualquier moneda, no dijo: “si encuentro una de plata... ¿no será ésta?” No. Ella quería su moneda de oro, ¿cuántas quieren una moneda de oro? ¿Cuántas quieren una casa espectacular? No cualquier casa; ¿cuántas elegirían una casa prefabricada si pudieran elegir una mansión? Construí tu vida para tener la mansión, no otra cosa; construí lo mejor. El proceso que estás pasando es largo porque estás construyendo con buenos materiales, y no olvides que Dios está en el proceso.
Y cuando encontró la moneda perdida llamó a sus amigas y festejó. Tenés que aprender a festejar en el momento que lo pedís; que no te sea una carga y una angustia. En el proceso a veces me caigo y me vuelvo a levantar; me dan ánimo, me dan fuerzas, me dan ganas, a veces no quiero saber nada, pero disfrutá, y luego disfrutá el final.
Querida mujer, tu vida no es una apuesta; Dios invirtió en tu vida y en la mía, invirtió la sangre de Jesús en tu vida y en la mía. No apostó; no dijo: “a ver ésta si me sale bien”, Él invirtió en vos. Tu vida tiene que dar ganancias porque Dios ha invertido dentro tuyo; vos no sos una apuesta, la vida no es apuesta, vivir como salga, lo que sea, lo que venga lo agarro. Tu vida no es una apuesta, tu vida es fe, y fe es decir: “esto es lo que quiero y esto es lo que voy a lograr, porque mi fe es resistente hasta llegar a la meta que quiero lograr”. Dios ha invertido en tu vida para que des fruto y fruto en abundancia. Sin importar el dolor ni el proceso, porque Él tenía delante nuestras vidas.
Hay mujeres que están a punto de bajar los brazos, porque no ven el resultado final. Y no valoran el proceso por el que están pasando. ¿Por eso hoy vas a dejar todo?, ¿por eso hoy ya te vencieron, porque no vino lo que querías y abandonaste? “Que sea lo que Dios quiera…”. Dios te dice que no abandones, que no bajes los brazos, que no dejes nada de lado. Seguí resistiendo, seguí agarrándote de la pierna del Señor y decile: “Señor, no te dejaré hasta que me bendigas”.
Uno de los motivos por los que a mí no me gusta cocinar es justamente por el proceso; no soporto esperar, tener que hacer todo, ir armando paso a paso la torta, batir la manteca, que se haga puré, y después darla vuelta… no soporto ver algo en el horno porque al minuto estoy sacándolo y viendo si ya está hecho. Pero Dios me enseñó que me estaba perdiendo una parte de la vida, que yo solamente festejaba el final y los hitos de nuestra vida. Es lindo festejarlos, pero se te pasan rápido. ¿Cuánto se tarda en sacar una torta y comerla? Nada. Yo me estaba perdiendo la gran parte de mi vida, que es el proceso. No podía disfrutar un montón de años de mi vida, que eran el proceso, era lo que había logrado, lo que hacía con mis manos, la capacidad que le ponía, el potencial que soltaba al armarlo, al crear, al pensar nuevas ideas, al disfrutar, al arriesgarme, a que una cosa salga y la otra no, y volver a intentarlo. Me estaba perdiendo de disfrutar el proceso, que es la mayor parte del tiempo. Cuando tuviste tu hijo disfrutaste ese momento y se te pasó rápido; hoy ya tiene cuarenta años y ese momento del nacimiento te quedó como un hito allá. Pero tal vez te olvidaste de disfrutar toda la construcción anterior. Querida mujer, disfrutaá lo que estás haciendo; hoy no ves el resultado pero estás construyendo algo grande. Aprendé a disfrutar.
Dios es un Dios generacional, y vos tal vez estás construyendo algo que vean tus hijos. Porque a Dios le encanta trabajar con las generaciones, por eso nos toca a nosotras disfrutar de cada momento de la vida; disfrutar del proceso. Porque si vas a esperar a diez años –“en diez años voy a tener esa casa, cuando termine de pagar”–, y te olvidaste de disfrutar diez años de tu vida, porque la felicidad va a estar allá; se terminó tu vida. Nadie tiene la vida comprada, por eso: ¡disfrutá!
Por Alejandra Stamateas
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