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El corazón de un líder

Èxodo 17;8 “Los amalecitas vinieron a Refidín y atacaron a los israelitas. Entonces Moisés le ordenó a Josué: “Escoge algunos de nuestros hombres y sal a combatir con los amalecitas. Mañana yo estaré en la cima de la colina con la vara de Dios en mano”
Josué siguió las órdenes de Moisés y les presentó batalla a los amalecitas. Por su parte Moisés, Aarón y Hur subieron a la cima de la colina. Mientras Moisés mantenía los brazos en alto, la batalla se inclinaba a favor de los israelitas; pero cuando los bajaba, se inclinaba a favor de los amalecitas. Cuando a Moisés se le cansaron los brazos, tomaron una piedra y se la pusieron debajo para que se sentara en ella; luego Aarón y Hur le sostuvieron los brazos, uno el izquierdo y otro el derecho, y así Moisés pudo mantenerlos firmes, hasta la puesta del sol. Fue así como Josué derrotó al ejército amalecita a filo de espada”


Hoy vamos a aprender  cómo lograr una conexión de liderazgo para ganar todas las batallas…
¿Cuántos están batallando contra algo espiritual o natural y necesitan vencer esa batalla?
Hoy voy a enseñarte cómo vencerla.

  1. Lo mejor que podés hacer por los demás no es enseñarles tus riquezas, sino hacerles ver las suyas.

Un líder es alguien que influencia. Todos los que estamos acá, nacimos líderes. Líder se nace y se hace.

Liderazgo es la capacidad de influenciar. Y todos influenciamos. ¿
Cuántos de nosotros somos papás? Nosotros, los papás influenciamos sobre nuestros hijos.
Los que trabajamos influenciamos sobre nuestros compañeros. Los que servimos a Dios influenciamos sobre la gente que nos rodea. Todos ejercemos liderazgo.

  1. Niveles de liderazgo

Hay varios niveles de liderazgo. Liderazgo no es poder; liderazgo es servir.

Para poder ser grandes líderes necesitamos entender bíblicamente cómo funciona el liderazgo. Cuanto más alto es tu nivel de liderazgo, Dios más peso pone sobre tus hombros y cuánto más peso vos podés soportar Dios te bendice con más peso.
 “Si anhelás ser un líder de excelencia preparate para levantar cosas pesadas, es decir tener grandes responsabilidades”

  1. Dios es un Dios de estrategias

Dios es amor, Dios es Paz, Dios es bueno, pero Dios también es un estratega; no improvisa nada, no deja nada librado al azar.

Dios funciona con estrategias, con números, con metas.
Cuando Dios creó al mundo no lo hizo en una hora ni lo hizo en un día; lo hizo bajo un plan organizado. Si vos querés crear algo grande y crear tu mundo, necesitás contar con estrategias.

La estrategia te hace hacer fácil lo difícil. Hace que puedas expandir lo que ya tenés.

Muchas personas aman a Dios, y le oran y cantan a Dios, pero no tienen estrategia; entonces se frustran porque dicen “¿por qué si yo leo la Biblia, si yo voy a  la iglesia, por qué las cosas me salen mal?... Porque te falta estrategia.”

Los líderes de alto nivel son líderes de estrategia. Todo lo que Dios ha puesto en tus manos no alcanza si no tenés una estrategia.

En España le pregunté a una pareja de pastores, cuántas personas anhelaban tener, (era ya una iglesia de 200 miembros), a lo que el pastor me respondió: ‘un millón’.
Por lo que le volví a preguntar: -Y ¿cuántas querés alcanzar ahora, el mes que viene?: -‘Un millón’ me respondió. Pero como no me cerraba la idea,  le reiteré la pregunta a su esposa, quien me respondió: “500 personas pastor”.
 
Algunos confunden presunción con fe.
Gente que dice “¿Cuánto querés ganar? ‘Yo quiero ganar 40 millones de dólares’” Eso es presunción.

¿Qué es estrategia?
Estrategia es tu próxima meta, es lo próximo que querés alcanzar.

Es el plan que vas a usar para llegar a ver el objetivo cumplido.

Estrategia es ver cuál será mi próximo paso. Pensar que si gané 5, veré cómo puedo ganar 7, no 500 mil. Si tengo 3 personas cómo puedo ganar 5.
Las estrategias son los pasos cortos que uno da.

El gran problema de muchos cristianos es que no tienen estrategia, no piensan estratégicamente, y pensaron que la fe les iba a traer el resultado que estaban esperando.
Pero fe es acción, fe es movimiento, y la fe no anula la estrategia.

Dios no dijo “sea el mundo” y el mundo comenzó a funcionar. Dios se tomó los días necesarios, porque trabaja con estrategia.

No alcanza sólo con creer, necesito formular estrategias.

Dios te va a poner gente que te va a enseñar a funcionar con estrategia.

Moisés era hebreo. Los hebreos eran pasionales pero no tenían estrategias. Entonces Dios metió a Moisés en Egipto. Los egipcios eran los número uno de la estrategia, de los sistemas, de las construcciones, de manera que las pirámides todavía están en pie gracias a los egipcios. Los egipcios tenían mentalidad estratégica, por eso, Dios puso a Moisés desde bebé en Egipto para que a su pasión natural, le sume estrategia.

Muchos cristianos fallan porque no tienen estrategia.
Vos le decís: “Bueno… ¿Cuál es tu sueño? ¿Qué estrategia tenés? ¿Cuál es tu próximo paso? ¿Hasta dónde has planificado? Y te responden, ‘Bueno yo confío en Dios.’
Está bien confiar en Dios, pero también tenés que planificar.

La primera  estratega sobre la vida de Moisés fue la mamá.
Las mujeres son estrategas por naturaleza.
El faraón da un edicto en el que se ordena que todo bebé varón tenía que morir.
La mamá de Moisés  dejó a Moisés en una canasta cerca del Río Nilo, donde la hija del faraón se bañaba, pero cerca de la canasta iba a encontrarse la hija adolescente de la mamá de Moisés, para que cuando la hija del faraón, encontrara a Moisés, la adolescente le ofreciera alguien para que lo cuide. Así fue como la hija del faraón terminó pagándole a la mamá de Moisés para que cuide de él.

Cuando José fue ministro de economía en Egipto y vinieron los hermanos, José les dijo “no digan que son pastores porque los egipcios odian a los pastores, Vamos a decir que son ganaderos.”
Entonces cuando el faraón, y le preguntó a de qué trabajaban; los hermanos de José dijeron “Somos pastores.” Los egipcios los odiaban. José no les pedía que mientan, les pedía estrategia.

Necesitamos desarrollar mentalidad estratega, necesitamos movernos con papel y lápiz para que Dios nos revele los pasos concretos a dar, pasos pequeños, pero paso a paso llegaremos a ver la victoria.

  1. El líder siempre tiene la protección de Dios

Había un edicto de muerte sobre la vida de Moisés pero Dios lo cuidó. Había un edicto de muerte sobre tu vida, pero Dios te cuidó, porque Dios vio el líder que hay dentro tuyo, porque cuando alguien decide liderar, a esa persona Dios la cuida, la protege y cancela todo espíritu de muerte sobre esa persona.

El faraón pidió que cuando nacieran los bebés varones, los asfixiaran, y llamó a las parteras para que asfixien a los bebés entonces cuando ellas, agarraban el bebé, si era varón le tenían que tapar la boca hasta matarlo y después dárselo a la mamá y decirle ‘nació muerto’, pero Dios levantó dos mujeres solteras que fueron parteras hebreas que cuando vieron al bebé Moisés dijeron ‘a este no lo vamos a tocar’ y empezaron a salvar a muchos bebés hebreos.

Cuando el faraón se enteró acerca de lo que sucedía, pidió que llamaran a esas dos mujeres quienes le dijeron que cuando ellas llegaban a la casa de las hebreas ya habían parido.

Quiero decirte que Dios puso gente cerca tuyo en tu pasado que te cuidó, puso parteros de Dios que te cuidaron, que te protegieron; faraón buscó destruirte, buscó matarte, buscó matarte el espíritu de liderazgo, pero Dios te protegió, te cuidó porque grandes cosas haremos en el Señor, porque todo lo que Dios ha puesto en el corazón lo lograremos con su poder.

El problema no es la presión, sino dónde vos ponés la presión.
 Si la presión la ponés el medio de Dios o de vos, o la ponés en tu costado para que te empuje a ponerte más cerca de Dios. Un líder sabe que ha sido protegido por Dios.

  1. Un líder sabe que donde falló inicialmente Dios le dará otra oportunidad

Cuando Moisés creció y vio a un egipcio maltratar a un hebreo, tomó una espada y mató al egipcio, porque Moisés era un libertador, pero se estaba confundiendo en el plan, porque fue un plan humano.

Dios lo llevó a la montaña, lo preparó y lo capacitó para volver a mandarlo al mismo lugar donde había fracasado y darle una nueva oportunidad.

Donde fracasaste volverás enviado por Dios, preparado con el poder del Espíritu Santo y la revancha será grandiosa, porque donde caíste una vez, la segunda no caerás, la segunda cosecharás al ciento por uno, por que en Dios nunca es tarde para los líderes, Dios siempre nos da una nueva oportunidad. Dios te va a enviar otra vez al trabajo que fracasaste. Dios te va a decir “fracasaste, mas esta vez voy a enviarte preparado para que todo lo que pises, todo lo que hagas te salga bien.”

  1. Los Líderes practicamos en privado lo que luego practicamos en público


A los líderes Dios nos entrena en privado para que luego lo que practicamos en privado lo hagamos en público.

Ejemplo: Estaba Moisés en la montaña, tenia 80 años. Dios lo llama y le dice:
“Moisés poné la mano en tu corazón… ¡Sácala!”
Cuando saca su mano, estaba leprosa.

Dios vuelve a decirle: -Pon de vuelta la mano,¡ sácala!, y cuando lo hace, su mano ya estaba sana.

Dios le dice: ¿Moisés que tenés en la mano?
Y él responde: -una vara.
Y Dios le ordena que la tire, y al hacerlo esa vara se convirtió en una serpiente, la vuelve a tomar y se convierte en una vara.  

Nuevamente Dios le pregunta:- ¿qué tenés ahí? -Agua, responde.

A lo que le vuelve a ordenar:- tirala, y al hacerlo esa agua se convirtió en sangre.

Cuando Dios hizo esto con Moisés no había nadie, estaba en el desierto, lugar que le sirvió a Moisés para practicar.
Pero una vez que ya había practicado, Dios lo mandó a hablar con faraón.

Llegó al palacio, miró al farón, su papá de crianza, y le dice “dice el YO SOY, nuestro Dios, que dejes ir a mi pueblo de este lugar” y entonces le dice, “mirá” y metió la mano y la sacó leprosa, “mirá” y tiró agua y se hizo sangre, “y mirá esto que practiqué” y tira la vara y se hace serpiente y los brujos del faraón tiran la vara y se hace serpiente, pero la serpiente de Moisés se comió a las serpientes de los brujos, porque si el diablo tiene poder, nuestro Dios tiene todo el poder. Y Dios  va a quitar todo lo que el enemigo haya soltado sobre nosotros.

Si hoy en privado sos un engañador, en público, serás lo mismo; pero si en privado sos un campeón, si en privado amás a Dios, y buscás de Él, en público faraón se enterará porque todo lo que uno aprende en privado lo muestra en público.

Si estás solo, estás en el tramo de tu desierto, no te preocupes, Dios te está haciendo practicar.

Dios te está entrenando para que cuando salgas a la luz y los ojos de la gente posen sobre vos, digas: “yo ya practiqué y lo que soy cuando nadie me ve, soy ahora delante de todos”.

  1. Un buen líder no se deja dominar por el espíritu de familiaridad.

Moisés se llevó al pueblo egipcio que había sido violado durante 400 años al desierto.

Moisés casi muere quebrado, la culebra no lo mató, el faraón no lo mató, pero casi lo matan sus propios hermanos, por el espíritu de familiaridad.

El espíritu de familiaridad dice: “Somos una familia, vos no me podés ayudar a mi, si yo a vos te conozco de siempre.”

El espíritu de familiaridad dice: “No hay honra en la misma tierra del profeta”, no dice no hay profeta en su tierra Jesús dijo “no hay honra para el profeta en su tierra.”
Hay profeta, pero no hay honra por la familiaridad.
Tenés que aprender a ubicarte  por arriba del espíritu de familiaridad.

La familiaridad es que hagas lo que hagas cierta gente no lo va a valorar por el espíritu de familiaridad que tienen con vos. Hasta que te pierden.

Hay gente que no valora a sus hijos hasta que se muere alguno, porque uno no valora el trabajo hasta que lo pierde y uno no valora a sus pastores hasta que los pierde, uno no valora su iglesia hasta que se va a otra.

Yo hice un curso con un psicólogo  muy importante, era un curso sobre últimos avances de liderazgo, “uy quiero hacerlo” y fui. Después dije, “si esto es lo último en liderazgo, nosotros estamos en el año 3500dC”
Cuando me fui me quedé mal, porque había pagado y no había aprendido nada; pero Dios me dijo “para que valores lo que te di”.

A veces Dios te va a poner en ciertas circunstancias para que valores la gente que está cerca tuyo, valores lo que Dios te ha dado, lo que tenés y no necesites perderlo para darte cuenta.

El espíritu de familiaridad es no querer ir donde nunca fuimos, el familiar quiere lo conocido.
 
Tenés que estar en un lugar porque estás siendo conducido hacia el propósito por el cual Dios te puso en la tierra, no te importa conocer a la gente mientras sepas a dónde vas, con quién vas y lo que vas a lograr en el Señor.

Por familiaridad el pueblo quería volver a Egipto, pero Moisés le decía: ¡allí te torturaban, violaban a tus hijas…! Pero volvamos, no queremos llegar a la tierra.

¿De dónde le salio el espíritu de familiaridad a Israel?

Dios le había prometido a Abraham que haría de él una gran nación.

Cuando José llevó a Egipto a su familia, eran 70, pasaron los años y esos 70 se multiplicaron en millones, millones con mentalidad de familia. Por eso no pudieron entrar en la tierra.

El espíritu de familiaridad se tiene que quebrar.
Tenés que tener mente de nación, mente universal, mente grande, no mente de “nos conocernos, sabés mi nombre, mi cumpleaños, ¿me vas a llamar, no?”

El líder trasciende al espíritu de familiaridad.
Tenemos mente de conquista, somos líderes para la tierra, no hay límites, no hay frontera, nadie nos puede etiquetar. Aunque te quieran etiquetar, vos sabés que sos para la tierra y tu ministerio es el Reino de Jesucristo.

  1. Hay tres maneras de liderar, Dios le enseñó a Moisés:

1º) “Caminar con la gente
En el primer nivel estás con la gente, la cuidás, la amás, le preguntás, porque estás con la gente, pero Dios te va a expandir…

2º) “Delante de la gente”
Vas a abrir camino, serás iniciador de  cosas nuevas, para que los que vienen detrás encuentren el camino abierto.

3º) “Por arriba de la gente”

Una vez que vos aprendiste a estar con la gente y delante de la gente Dios te lleva a estar arriba de la gente.

Dios le dijo “sube a la montaña” y Moisés subió a la montaña y ahí no estaba ni con la gente, ni delante, sino que estaba arriba de la gente.
Estar arriba de la gente no quiere decir que los que queden abajo tengan que servirte, sino que la forma de liderar es otra.

Si vos tenés 100 personas y Dios te da 500 vos tenés que pasar a otro nivel de liderazgo, porque sino vas a perder 400.

Si vas con el coche siempre en el mismo cambio, va a llegar un momento en el que no vas a ir rápido.

Dios no es tradicional es transicional
Siempre te lleva a una etapa nueva. Siempre los líderes estamos abiertos a modificar maneras de funcionar…

  1. ¿Cómo podemos vencer las batallas?

Para vencer las batallas, hay que hacer tres conexiones.
Moisés va arriba del monte y abajo queda Josué peleando.

Manos que pelean
Tenés que pelear por lo tuyo, tenés que pelear contra Amalec.
Tenés que vencer al enemigo. Las primeras manos, son manos que pelean.
Tus manos son para pelear por lo que Dios te prometió.

Manos arriba
Son las de Moisés, quien estaba arriba de la montaña.
Acá hay otra manera de liderar, con las manos al cielo, conectados con el Señor.

Hay momentos en que hay que pelear y hay momentos en que hay que levantar las manos, porque cuando alguien levanta las manos al cielo traen la conexión del poder del Espíritu Santo que hace que las manos que pelean tengan la victoria.

Mientras haya gente que esté peleando tiene que haber gente que está conectada con las manos al cielo.

Hay momentos que Dios te llama como a Josué a pelear.

No te olvides que sos un guerrero y peleás por lo que te pertenece, pero tiene que haber una conexión con gente de Dios que levante sus manos a tu favor, porque cuando Moisés levantaba las manos se conectaba con las manos que estaban abajo y las manos que estaban abajo vencían la batalla, porque recibían las fuerzas de las manos que estaban arriba.

Cuando estés peleando tenés que buscar a tu Moisés, él va a levantar las manos para que conectadas con el Espíritu Santo, las manos que pelean y las manos al cielo puedan vencer.
Moisés levantaba las manos y el pueblo vencía, Moisés no era más que Josué. Moisés estaba en otro nivel de liderazgo que Josué. Josué necesitaba a Moisés y Moisés necesitaba a Josué.

Manos que sostienen
Moisés levantaba las manos bien alto, y las manos se empezaban a cansar, y empezaban a doler, entonces Moisés llamó a Aarón y a Hur para que le sostengan las manos.
Hay un momento en que las manos se cansan y ahí vienen los otros líderes que son los que sostienen, los que Dios ha puesto para que te sostengan las manos, no son muchos, son pocos, pero te van a sostener.

Dios a veces te va a poner como a Moisés y a veces te va a poner como Josué pero a veces te va a poner como a Aarón, para que le sostengas las manos a alguien. Cuando las manos que se levantan, las que sostienen y las manos que pelean se conectan viene la victoria del Señor.

Dios va a levantar a gente que levanta las manos, a gente que sostiene las manos y a gente que pelea con sus manos, pero ¡la victoria será de todo el pueblo!
NO TE CANSES…

Por Bernardo Stamateas

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